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Justicia

Dieciocho años de prisión a un hombre que robaba y abusaba de sus víctimas

La Sala Cuarta del Tribunal de Juicio condenó a Guillermo Alfredo Alejandro Lozano, alias “Jeta i Pavo”, a dieciocho años de prisión por resultar autor material y penalmente responsable de los delitos de abuso sexual con acceso carnal en concurso real con robo calificado por el uso de arma sin aptitud para el disparo; robo calificado por el uso de arma sin aptitud para el disparo; y abuso sexual con acceso carnal en concurso real con robo calificado por el uso de arma.ladrones y abusadores sexuales

El tribunal ordenó asimismo que el imputado continúe alojado en la penitenciaría local y recomendó a las autoridades carcelarias que se le realice tratamiento psicológico y de rehabilitación debido a su adicción de las drogas, y también tratamiento psiquiátrico para su readaptación, atento a la naturaleza de algunos de los delitos cometidos.

Lozano fue juzgado por cuatro hechos ocurridos entre julio y agosto de 2010. En tres de los casos, el imputado actuó en inmediaciones de barrio Castañares, su lugar de residencia.

El cuarto caso sucedió el 31 de agosto de 2010, alrededor de las 23.30, en la plaza Isabel la Católica de barrio Tres Cerritos. Allí, el sujeto se acercó a una pareja y, con el pretexto de solicitar información sobre cómo llegar al shopping, entabló conversación con los jóvenes.En determinado momento extrajo un revólver y apuntándoles les exigió a ambos que le entregaran “la plata y los celulares”.

La pareja obedeció pero, aprovechando que en ese momento pasaba por avenida Reyes Católicos un móvil policial, el joven asaltado se abalanzó sobre Lozano, quien logró zafarse y darse a la fuga. Con ayuda de los efectivos policiales, fue apresado poco después. En el momento de la detención se le secuestró un revólver calibre 22, dos celulares, uno de ellos marca Sony Ericson W 580 color gris, y un pendrive Kensigton de 2 GB, color amarillo.

Precisamente, el celular y el pendrive fueron los elementos que permitieron a la policía asociar a Lozano con otro caso denunciado esa misma noche por una estudiante de la Universidad Nacional de Salta. La joven reconoció sus pertenencias y al detenido como el agresor que ese mismo día, alrededor de las 21.45, había abusado sexualmente de ella luego de sustraerle el celular, dinero y el pendrive. La estudiante contó que Lozano la abordó y, amenazándola con un revólver, la condujo caminando por el borde de la ruta hacia el acceso Norte. Allí la obligó a bajar a un canal e, introduciéndole el revólver en la boca, la sometió sexualmente. “Tenés suerte de estar viva –le dijo luego de consumar el acto- No digás nada porque si lo hacés te voy a matar. Yo sé donde vivís y te voy a buscar”.

El tercer hecho por el cual Lozano fue juzgado ocurrió el 8 de agosto de 2010, alrededor de las 19.30, en cercanías de la Universidad Nacional de Salta. Ese día, el imputado, con la excusa de preguntar por la parada de un colectivo, se acercó a un grupo de cuatro estudiantes que salían del predio universitario por la puerta que da la avenida Houssay. Repentinamente extrajo un revólver y los obligó a dirigirse a un pasillo oscuro. Allí los obligó a entregarle sus celulares y dinero en efectivo. “Si me denuncian no tengo drama en pegarle un tiro a cualquiera de ustedes”, los amenazó. En ese momento, por temor, los jóvenes no hicieron la denuncia, pero lo reconocieron en la fotografía publicada en un medio local, luego de que Lozano fuera detenido a raíz del hecho ocurrido el 31 de agosto en la plaza de barrio Tres Cerritos.

El cuarto hecho protagonizado por el imputado sucedió el 3 de julio de 2010, alrededor de ls 21.30, en la segunda etapa de barrio Parque General Belgrano. En la oportunidad, Lozano se acercó a una joven y a su amigo, que se encontraban en la vereda del Colegio Gorriti, y les pidió información sobre cómo llegar a la Quinta Etapa del barrio. En medio de la conversación, sacó un revólver y los condujo hacia un descampado ubicado detrás del colegio. Allí, le ordenó al chico que se diera vuelta y, apuntándole a la menor en la cabeza, la obligó a practicarle sexo oral. Posteriormente les extrajo dinero en efectivo y celulares. En este caso, la madre de la joven radicó oportunamente la denuncia y la amplió luego, al reconocer su hija al agresor en la fotografía publicada en un medio gráfico local.

Imagen : www.vanguardia.com