Pandemia de versos .Desde la rabia.

DEUDA

DEUDA

Marta César

 

 

Pagué el gas, el agua, la luz

si, la luz, no la energía eléctrica,

 telefonía fija, móvil,

televisión por cable, Internet.

Expensas.

Matrícula profesional,

tasas municipales,

Impuesto inmobiliario,

Impuesto automotor,

Seguro

de un humilde auto

en el que me traslado

cada vez ,que presionan las urgencias.

 

 

Pagué a mi webmaster

que es casi como un hijo.

O mejor dicho, otro hijo

que como el propio,

siempre están cuando los necesito.

También pagué mi hosting y dominio.

Pagué mi Credit Card, cualquier tarjeta

a la que renuncié,

por mala y embustera.

Por incitar a la banalidad del consumismo.

 

Pagué al hombre de los números.

Mi joven contador.

Cuánta paciencia, la de él.

Cuánta paciencia!

“Esto está mal, no corresponde”.

“Me liquidaron-textual-con estas cuentas”.

“ Fijate bien, esto es erróneo”

 “No me pagaron este mes”,

pero pagué tributos nacionales

 y estoy al día en Rentas.

 

También pagué a dos mujeres

Más que esenciales.

Una vez por semana, la primera,

desde hace  más de veinte años,

venía hasta mi casa

a hacerse cargo de todos los quehaceres.

Y tuvo un accidente.

Apegada a las normas ,

sigo pagando  y convencida,

que cumplir con la ley,

no se celebra.

 

Pagué y pagaré a una segunda mujer,

por contrato moral,

porque lo necesita.

Joven, sola, a cargo de sus hijxs.

Porque sonríe con sonrisa desdentada,

intentando dibujar caminos

que el macho de la casa, el esposo, padre,

el devoto, de todas devociones,

abandónico e inmoral,

decidió olvidar, sin reclamos, ni prejuicios.

 

En lo formal,

profundamente satisfecha.

Pero revuelta.

Qué y cuánto es un pago justo?”

Acaso triplicar, cuadriplicar

el monto que establecen

las leyes que conciben

lxs que no pasan hambre,

lxs que vacacionan,

lxs que miran desde lejos la pobreza?

 

Como buena ciudadana,

mujer y feminista,

día a día, mes a mes, pago mis deudas.

Reivindico el sistema solidario

que asiste a jubiladxs, a pobres,

a mujeres,y desclasadxs varixs,

que abominan que el dinero del Estado

se distribuya entre indigentes,

pero  aplauden que la oligarquía,

engorde sus bolsillos

mediante el latrocinio, corrupción y el fraude.

 

El relato hasta aquí.

Y no es solo mi historia.

Es la historia de millones de mujeres

porque una somos todas y todas, una.

Compartiendo realidades y quimeras.

Destruyendo mandatos patriarcales.

Pateando puertas.

Sin nada que esperar desde el afuera.

Solo nosotras,

Para romper las telarañas,

De todo lo que ofrece o nos niega este sistema.

 

Hay algo que me ronda día y noche

Algo que sacude, que molesta.

Que invade mis entrañas.

Y mala en matemáticas,

obliga a revisar mis cuentas.

En el debe y haber, sigo con deudas:

puedo hacer más por esxs pobres

que en esta noche,

impiadosa de lluvia y de piedras,

dormirán sobre un lecho de barro,

sin lumbre, sin pan, solo tristeza.

 

Puedo hacer más por lxs indígenas,

que habitan la tierra que les niegan

y a la que pertenecen.

Con derechos violados, pisoteados

 por los nuevos invasores, en nombre de un progreso,

de expoliación, de muerte y de rapiña

de voracidad de terratenientes,

que vuelve los bosques en desiertos,

el agua de los ríos, en veneno,

el paraíso de frutos silvestres y de peces,

en un pasaje a todos los infiernos.

 

Puedo hacer más,

Aunque mis fuerzas me abandonen,

me quiebre en lágrimas, en dolor o rabia,

frente a tanta burocracia miserable,

que pretende no entender,

que la necesidad de lxs pobres, es una urgencia.

Que es hoy, que es ahora.

Ahora mismo, que el hambre, un techo,

Son perentorios.

No hacer más, no lograr cambiar las relaciones de poder

que explotan, que corrompen, que marginan:

Esa es, mi verdadera deuda.

Salta,29 de Octubre 2020.

Imagen, El Tribuno

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