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De la fiesta a la denuncia política

El cuerpo de las travestis desnuda la doble moral social y la dificultad de elegir

Hace poco tiempo, un grupo de travestis salteñas organizaron una caminata nocturna a la que llamaron ?Marcha del Orgullo Gay?. El clima general fue de fiesta; muchos vecinos participaron observando y por momentos aplaudiendo.

Sin desplazar la fiesta, es preciso recuperar el acto como una denuncia política de dos cuestiones: manifestarse en contra de los golpes que la policía usa para reprimirlas como prostitutas, pero también como sujetos que eligen ser otra cosa que hombres o mujeres. Cuando el acento se pone en la prostitución se pierde de vista el reclamo por la identidad; y cuando solo se mira la fiesta se despolitiza el acto, para neutralizarlo: no hay discusión posible, esas travestis que piden ayuda porque las están matando son reducidas a máscaras carnavalescas detrás de las cuales desaparece la persona.

El acto político de las travestis consiste en mostrar el cuerpo, a veces más desnudo, a veces menos; porque en él inscriben eso que reclaman para si mismas y para toda la sociedad oprimida por un sistema que controla la sexualidad y el deseo en beneficio de una lógica de orden, trabajo y producción y que excluye de una vida digna a más de la mitad de la población. Su lucha no es diferente a la de grupos étnicos ó las de trabajadores y trabajadoras. Su presencia debe instalar en nuestro medio un debate sobre el género, sobre el sexo, sobre el cuerpo y sobre el deseo. Un debate sobre atreverse a construir otro orden de cosas para vivir más libremente. El enemigo no son las travestis sino el sistema que nos construye a todos; no como ciudadanos, sino como consumidores, no como personas, sino como máquinas sexuadas.

No existe un cuerpo y un género original al que pertenecen las travestis. Los referentes con que modelan sus cuerpos son mujeres en estado de prostitución, y vedettes. Es un modelaje similar a los actos por los que las mujeres intervienen sus cuerpos modificándolos, para hacerlos mas delgados, quitarles edad o estilizar el rostro. Pero a diferencia de ellas, las travestis transforman su cuerpo para superar el límite del cuerpo propio, su género; casi siempre de manera oculta a la familia o lejos de ella. Y esto les produce dolor y sufrimiento. Organizan un espectáculo donde muestran, ironizándolo, lo que el mundo pretende ocultarse a si mismo. Están pidiendo a la gente en general, a los políticos y a las instituciones un debate que hasta ahora no estuvieron dispuestos a dar. Ese debate permitiría, tal vez, entender las identidades sexuales de una manera más reflexiva y aflojar los esquemas que las rigen. Son grupos que reclaman legítimamente su derecho a explorar y vivir libremente formas de sentir, de ser y de hacer que hasta ahora nuestra sociedad no acepta. La ?Marcha del Orgullo Gay? es una aspiración -compartida por muchos otros grupos- a una sociedad más plural, en donde cada quien pueda vivir en armonía con lo que pretende ser, aunque esa pretensión desafíe el orden de los sexos y de los cuerpos.