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Casi 700 personas expusieron a favor y en contra

Cuatro exposiciones que marcaron el debate por el aborto legal

Este jueves terminaron las audiencias informativas en las que hablaron oradoras y oradores a favor y en contra de la legalización del aborto. Fueron casi 700 personas. En Notas hicimos una subjetiva y acotada selección de algunas de las mejores intervenciones en pos de que se garantice este derecho en Argentina.

Imagen : CDD

El paso siguiente se dará la semana próxima cuando las comisiones de Legislación General, Legislación Penal, Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, y Acción Social y Salud Pública aborden la discusión para firmar dictamenes por mayoría y minoría. Así el tema será luego elevado para que la Cámara Baja lo trate en su conjunto el día 13 de junio.

Reproducción y disfrute sexual

Una de las exposiciones que marcaron el comienzo del debate fue la de la socióloga e historiadora Dora Barrancos el 10 de abril. La también ex legisladora porteña puso sobre la mesa un eje que sería abordado varias veces a lo largo de las audiencias. “El disfrute sexual es un derecho de las mujeres que debe ser separado de la reproducción”, apuntó.

Tras historizar sobre lo que calificó como una extensa “aceptación social” del aborto desde principios del siglo XX -contrapuesta a los límites legales- aseguró que mientras las mujeres con dinero podían acceder a este derecho, “para nuestras mujeres de los sectores populares es evidente que existió una forma larvada, ominosa, de pena de muerte”.

Asimismo planteó la necesidad de la despenalización del aborto “como una contribución para la vida de las menos protegidas”. “Lo hago igual enfáticamente en nombre de nuestros derechos fundamentales, el embarazo no puede convertirse en una fatalidad”, enfatizó.

¿Quién defiende la vida? ¿Cuánto vale una mujer muerta?

Uno de los discursos que conmovió pero no por eso estuvo falto de argumentos fue el de la actriz Muriel Santa Ana el 17 de abril. Tiempo atrás había hecho público en las redes sociales que, en 1992 se había realizado un aborto.

Tras describir el recuerdo de aquella intervención expresó: “Yo tenía una mamá, un papá, una hermana, un trabajo, mis estudios, mis libros, mis amigos. Y conseguí la plata. No tuve que recurrir a una sonda, a una aguja de tejer ni a un sucucho sórdido sin asepsia”.

“Yo no deseaba ser madre forzadamente. No deseaba inscribir mi cuerpo en el orden simbólico de la maternidad por imposición”, subrayó. Con una enorme carga histórica y política se preguntó “el capitalismo, ¿qué mujer construye?” y respondió: “No somos un frasco para que otros observen cómo germina en nosotras la continuidad de un sistema de crimen y exclusión”.

Finalmente advirtió a las y los presentes que el debate no se trata “sobre los límites de la vida y de la muerte”. “Si así fuera, les pregunto a los que aún no han tomado partido, ¿qué es para ustedes una mujer muerta?”, agregó.

“Si este proyecto fuera rechazado, sepan que llevarán de por vida, sobre sus espaldas, a las muertas que de aquí en más produzca la industria del aborto clandestino”, concluyó la actriz.

La revolución de las hijas

En la quinta audiencia fue el turno de la periodista Luciana Peker, autora del libro Putita golosa. Por un feminismo del goce. Sus palabras resonaron al hablar del lugar de las nuevas generaciones en esta pelea que ya lleva décadas en el país.

“Hasta que las hijas mujeres no tengan los mismos derechos a la libertad, la salud y a la vida no se habrá terminado definitivamente la esclavitud de las mujeres en la Argentina y por supuesto también en Latinoamérica”, sostuvo. En ese sentido recordó que “son las jóvenes las que llenan las clases, los colegios religiosos y no religiosos, públicos y privados, que están pidiendo que se amparen sus derechos y que ninguna ley que salga de este Congreso pueda ir hacia atrás”.

Peker remató con una frase que quedó marcada y estos días recobró visibilidad a partir de una foto que se viralizó en las redes sociales en las que se veían muchos pañuelos verdes en los bancos de un aula de un colegio. “Hay una revolución de las hijas”, afirmó. “No voy a parar hasta que mi hija mujer tenga los mismos derechos que mi hijo menor. Las nenas y las adolescentes necesitan crecer en un mundo en que tengan los mismos derechos que sus novios, sus hermanos y compañeros”, concluyó.

Más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita

Recogiendo el guante de las palabras de Peker, Ofelia Fernández de 18 años y ex presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini fue quien, quizás, mejor representó esa “revolución de las hijas” durante las audiencias. Con una seguridad y claridad notable en sus palabras, comenzó planteando el problema de la desinformación que hay sobre la sexualidad en la juventud.

“Es evidente que en esa etapa de nuestra vida la información si no es poca, es nula. Y sobre todo muy tendenciosa”, dijo. Al respecto explicó que “estamos cargados y cargadas de estereotipos, el amor solo existe en las góndolas que nos ofrece la tv: amaremos heterosexualmente, monogámicamente, y por el resto de nuestras vidas o no amaremos”.

Criticó la falta de aplicación de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas. “Queremos que nos enseñen que la diversidad sexual existe, que nos hablen del ejercicio del placer, que se nos introduzca al mundo de la anticoncepción”, reclamó.

Y, aunque extenso, el cierre de su discurso merece se transcripto de manera completa:

“Para nosotras esto es un tema saldado, el pañuelo de la campaña por el aborto legal seguro y gratuito es nuestro uniforme en las escuelas. Estamos siempre en las calles, estuvimos todos los martes en frente de este Congreso reclamando por lo que nos es propio. Somos las que esperan en vela el resultado de esta votación, somos las que abortan. Ahora les toca a ustedes concedernos la posibilidad de decidir. Ahora les toca ustedes batallar contra la opresión. Ahora les toca a ustedes legalizar el aborto en la Argentina. De lo contrario nos están mandando a morir a su guerra sin pedirnos permiso, pero deben saber que ya tenemos nuestro propio ejército.

Porque donde se enuncia en primera persona hay indefectiblemente una ausencia de derechos. Yo puedo decir que no aborté, puedo decir también que abortaría, y otra podría decir que ella no. Pero una sociedad justa no se construye hablando de uno mismo, se construye celebrando la libertad del otro. Lo único mas grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita”.