Misiones

Condenan a prisión a dos jóvenes por una brutal violación

El Tribunal Penal de Oberá los halló culpables por el “abuso sexual doblemente agravado” de una menor de 14 años, cometido el 16 de junio de 2013 en un sector de olerías del barrio San Miguel, de esa ciudad. -.violacion misiones

Luego de tres jornadas de duros testimonios y alegatos, el Tribunal Penal de Oberá condenó a 18 años de prisión por “abuso sexual gravemente ultrajante, doblemente calificado”, a Juan Carlos Paredes (21) y Eliseo Ezequiel Stelter (19), quienes sometieron a una menor de 14 años durante la madrugada del domingo 16 de junio de 2013, en una olería del barrio San Miguel de esta ciudad.

 

Los jueces José Pablo Rivero, Lilia Avendaño y Francisco Aguirre consideraron a Paredes y Stelter como “autores” de la violación de la adolescente; culpables de cometer vejámenes con agravantes previsto por el artículo 119 del Código Penal, como por ejemplo el daño a la salud física o mental de la víctima; que el abuso fuera cometido por dos o más personas, la utilización de violencia y la presencia de menores, entre otros puntos.
 
La menor fue forzada a salir de una fiesta en una vivienda del barrio San Miguel, golpeada y conducida hasta una olería, donde fue obligada a practicarle sexo oral a los seis implicados.
 
Con el fallo de ayer, el Tribunal Penal de Oberá profundizó una senda ejemplificadora, al estimar la fellatio (sexo oral) como una violación sexual calificada. 
 
La sentencia coincidió con el pensamiento y alegato de la fiscal Estela Salguero de Alarcón, quién solicitó 18 años de prisión efectiva. El máximo previsto era de veinte años.
 
Fueron trece los testigos que declararon durante las dos primeras jornadas, miércoles y jueves. Cuatro de estas testimoniales, por orden del Tribunal, fueron remitidas a la Fiscalía de turno para que investigue la posible comisión del delito de “falso testimonio”, previsto en el artículo 275 del Código Penal, que prevé penas de uno a cuatro años de prisión.
 
Testimonios
Entre las voces clave del debate se destacó la del vecino que oyó implorar ayuda a la víctima, y tomó un machete para enfrentar a los agresores, quienes acababan de huir cuando halló a la adolescente golpeada y con los rastros evidentes de la violación. La menor lloraba desesperada, por lo que este hombre la protegió hasta ubicar a la abuela, quien denunció la violación.
 
Durante el debate los acusados intentaron apuntar al testigo como autor del abuso. Pero la coartada terminó de esfumarse con el relato, calificado como “valiente”, de la propia víctima quien declaró el jueves frente a Stelter y Paredes.
 
La menor, hoy de 17 años, aceptó y solicitó relatar, aunque debiera revivir su calvario frente a los acusados. “Quiero verles la cara”, dijo, según una fuente de PRIMERA EDICIÓN, que no permite dudar.
 
Fue contundente y precisa, no sólo para desvincular de la violación a quien la socorrió, sino también para identificar a sus atacantes. La fiscal Salguero de Alarcón, durante la primera jornada del juicio (miércoles) había solicitado al Tribunal que la menor sea agregada a la lista de testimoniales. 
 
El debate fue oral pero no público, por considerarse un delito contra la integridad sexual. Recién en la ronda de alegatos y sentencia, se permitió la participación de personas ajenas al Tribunal, y a las partes intervinientes.
Tanto el abogado de Stelter, Carlos Novello, como  la defensora oficial María Graciela Abdolatif, en el caso de Paredes, solicitaron la absolución de los acusados.
 
No volvió a la escuela y ya no sale
Los daños en una víctima de violación o abuso sexual no pueden ser conmensurados, medidos o diagnosticados. Las secuelas quedan literalmente ‘tatuadas’ en la conducta y cuerpo. Y por más paliativo que se presente, resulta difícil encontrar un profesional de la salud que sea tajante y asegure lo contrario.
En el caso juzgado por el Tribunal Penal de Oberá, la menor, a poco más de dos años de ocurrido el hecho, no logró recuperar una rutina de vida normal, requiere de asistencia psicológica periódica, debió abandonar el colegio, no sale a la calle sola por el temor constante que sufre y acarrea un trastorno de ansiedad severo.
Pese a la dolencia constante, enfrentó el debate oral, aceptó sentarse y retornar con su memoria a la noche del 15 y madrugada del 16 de junio de 2013, de la fiesta a la que fue a divertirse con sus amigos a la olería donde fue golpeada y ultrajada impiadosamente. Declaró y hasta pidió que los condenados ayer, oyeran su relato sentados en sus respectivos  banquillos de acusados.
“Quiero verles la cara a los que me hicieron esto”, dijo cuando se sintió lo suficientemente fuerte para iniciar su relato, que consistió no sólo en detallar lo macabro de la múltiple  violación sino en destacar el valor del vecino que la socorrió, quien la cobijó cuando imploraba en llanto que alguien la rescatara del infierno.
Imagen : Primera Edicion