Lactancia materna

Cómo los bancos de leche humana están cambiando a Brasil

Cristiane Souza tuvo un hijo prematuro el último día de junio y enfrentó una situación angustiosa para cualquier madre: sin poder amamantarlo lo suficientemente, Henrique comenzó a perder peso.campaña-de-la-semana-mundial-de-la-lacta

Souza volvió al instituto de salud de Río de Janeiro donde había sido dada de alta y recibió cinco botellas de leche donada por otras madres lactantes, para alimentar a su hijo.

Henrique bebió y rápidamente ganó 55 gramos de peso, llegando a los 2,170 kilos y permitiendo que su madre respirase aliviada.

“Si no fuese por el banco de leche, no sabría qué hacer”, dice Souza, que tiene 35 años y trabaja como auxiliar de servicios en otro hospital de Río. “Mi hijo no estaría con este peso. Hasta podría tener otros problemas de salud, porque nació prematuro”.

Su historia se repite a lo largo de Brasil, donde una red de 212 bancos de leche humana creada en las últimas décadas está logrando una suerte de revolución silenciosa en salud.

Sólo el año pasado hubo 182.623 bebés prematuros y recién nacidos de bajo peso alimentados con la leche que otras madres donaron a la red, de forma gratuita y voluntaria.

“Si pudiera, le agradecería a cada una”, asegura Souza, con el pequeño Henrique en los brazos.

Mayonesa y café

El primer banco de leche humana en Brasil se inauguró en 1943, pero fue recién a mediados de los años 80 cuando comenzaron a propagarse de forma asombrosa y más de un centenar de unidades abrieron en apenas 15 años.

Se hizo con una estrategia oficial que se mantuvo con los gobiernos de turno y tuvo el apoyo del Instituto Fernandes Figueira (IFF), que creó aquel primer banco, el mismo donde hace unos días Henrique recibió leche.

El IFF y la Fundación Oswaldo Cruz, a la que pertenece, fueron clave para bajar significativamente los costos de implantar bancos de leche en Brasil en tiempos de crisis económicas y dólar caro.

Lo lograron mediante investigación científica y desarrollo de tecnología. Y también con ingenio.

Por ejemplo, descubrieron que almacenar la leche materna en frascos de mayonesa o café soluble era lo mismo que hacerlo en los caros recipientes especiales que se importaban de Estados Unidos.

“Cambiamos y bajamos (los costos) en un 85%”, relata João Aprígio Guerra de Almeida, coordinador de la red de bancos de leche de Brasil.

El almacenamiento de la leche materna es fundamental para garantizar su seguridad, sometiendo cada donación a un proceso de clasificación, pasteurización y control de calidad microbiológica antes de congelarla.

Eso impide que se transmitan enfermedades y permite asignar la leche según la necesidad de cada bebé.

Almeida recuerda que también evitaron importar máquinas pasteurizadoras del hemisferio norte, que costaban al menos US$25.000. Lo hicieron adaptando la metodología de pasteurización de la leche para usar equipos de baño María, que se producen en Brasil y costaban apenas US$1.500.

En algunas ciudades como Brasilia también se comenzaron a emplear a los bomberos para recolectar donaciones de leche de madres y llevarlas a los bancos que funcionan en hospitales.

“Salva muchas vidas”

Hoy el gigante sudamericano se ha convertido en una referencia internacional en esta materia.

“Después de 28 años de trabajo, Brasil tiene la mayor y más compleja red de bancos de leche humana del mundo”, señala Almeida.

Esa red sin fines de lucro fue uno de los factores que contribuyeron a reducir 77% la mortalidad infantil en el país entre 1990 y 2012, según datos de Unicef.

Hoy Brasil coordina desde el IFF un programa de cooperación que ha expandido los bancos de leche humana por toda América Latina y ha llegado a Africa, Portugal y España.

Otras potencias emergentes como India observan con admiración lo que ocurre en este rincón del mundo.

“Brasil es un modelo muy exitoso no sólo porque hay bancos de leche en cada hospital importante, sino porque su política también incluye la capacitación de personal para un mejor asesoramiento”, señala Arun Gupta, coordinador central de una red india de promoción de la lactancia materna.

El año pasado se recolectaron en Brasil 179.251 litros de leche materna para la red local. Eso representó casi 10.000 litros más que en 2012, aunque la cifra de donantes cayó 10% a 162.620.

Mantener y aumentar la cantidad de madres dispuestas a dar parte de su leche a otros es un reto permanente. Para eso se realizan campañas frecuentes, incluso en ciudades como Brasilia, la única del país que ha logrado ser autosuficiente en leche materna para bebés prematuros internados.

Sandra Gama, una abogada de 32 años que tuvo recientemente un hijo en Río, es una de las 80.561 donantes que este año dieron 91.475 litros del “superalimento” a la red brasileña.

Cada día ella colecta leche que le sobra y la congela antes de entregarla al motorista de la IFF, que pasa una vez por semana por su apartamento.

Este año más de 80.000 donantes dieron más de 90.000 litros del “superalimento”.

“No lleva mucho tiempo ni da mucho trabajo y salva muchas vidas”, asegura al realizar una de esas donaciones. “La leche materna es el alimento más completo y muchos niños no tienen acceso porque nacieron prematuros o porque las madres no tienen leche”.

Al otro extremo de la cadena se encuentra Elena, hija prematura de Kátia Martins, una peluquera de 37 años que ya perdió dos bebés. La recién nacida tenía prolemas para mamar de su madre y recibió leche del banco del IFF.

“No va a llorar más ni sentir el frío que sentía, debido a otras madres que me están ayudando”, reflexiona Martins. “Me ayudan sin siquiera conocerme. Estoy muy feliz y muy tranquila”.

Imagen : www.isaude.net