Opinión

Cómo hablar de Cristina sin nombrarla

La misoginia no tiene límites. Si algo batallamos a diario las periodistas de la red PAR, cada una/o desde sus lugares es cómo profundizar, socializar y transversalizar las transformaciones que el periodismo tiene que hacer de su ejercicio. Es decir, un tratamiento adecuado donde las mujeres tengamos el trato que corresponde en igualdad y equidad.

Ahora bien, la palabra es reveladora y también transformadora. Tiene el poder de moldear los pensamientos, deconstruirlos y construirlos. También de perpetuarlos. El diario La Nación, a través de la opinión de Rosendo Fraga hizo gala de su misoginia contra la presidenta, Cristina Fernández el mismo día en que fallecía el ex presidente Néstor Kirchner, esposo de la mandataria.

Hoy nuevamente desde la pluma de Marcos Aguinis descalifica las condiciones de la presidenta argentina contraponiendola con Ellen Johnson Sirleaf, primera presidenta mujer que tiene Africa. Lo llamativo es que destaca, por supuesto luego de describir aspectos físicos e indumentarios, los antecendentes de Sirleaf. Estos son meritorios, pero corresponden a contexto de un continente despojado, invadido, conejillo de indias de cuanta prueba de laboratorios y guerras propias y provocadas por países del primer mundo. De lo que por supuesto el escriba no contextualiza, salvo para criticar los procesos de socialismo.

Aguinis, confeso opositor desde el periodismo de la actual gestión de gobierno dice: ?Es una mujer distinta ? por Ellen Johnson Sirleaf – a la que nos acostumbramos a ver los argentinos?. La pregunta es respecto de quién, no hace falta mucha imaginación para entender de quien se está hablando, la presidenta CFK.

Avanza más, y en un claro ejemplo de libro de lo que no debe hacerse periodísticamente desde un enfoque de género describe: ?De baja estatura y regordeta, no se esmera en cambiar sus modelos de ropa ni en usar gruesos cinturones que le adelgacen la cintura. Cubre su cabeza con un turbante y, por lo tanto, no exhibe una larga cabellera con amplia onda frontal que le cubre la mitad del ojo derecho y obliga a coquetos movimientos de cabeza?. Tendríamos que hacer un esfuerzo importante para imaginarnos ver a la mandataria argentina con atuendos que no son propios de nuestras pautas culturales, por ejemplo con un turbante. Qué tiene que ver la estética con lo político.

No solo eso, sino que ni siquiera Aguinis tiene respeto por las características físicas de cada quien, como si las personas fuésemos todas iguales, además de acentuar aquello que poco tiene que ver con las virtudes políticas de la líder de Liberia. La actitud misógina deja al descubierto las intenciones del escriba de La Nación, que no es hablar favorablemente de la presidenta del país africano, sino utilizarla para denostar a la jefa de Estado argentina.

Negar la historia militante de CFK es una recurrente muletilla, de estos intelectuales de la derecha, prueba de ello se pone de manifiesto al decir ?No tiene ni tuvo un marido que la apuntalase en política ni haya servido en bandeja el más alto cargo de la nación?. No sabemos cuál es la historia personal de Sirleaf y poco importa, pero le sirve para hablar de la forma de construcción de poder del matrimonio Fernández-Kirchner.

?Su fuerte no se acantona en la elocuencia, sino en un alto profesionalismo técnico adquirido en Harvard, que le deparó cargos importantes en el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo?. La Argentina fue el peor de los ejemplos que culminó con la crisis del 2001 y tuvo varios técnicos salidos de las universidades del primer mundo, como la Harvard y de organismos internacionales que impusieron planes económicos que dejaron las más trágicas consecuencias para el desarrollo del pueblo argentino.

La lucha de esta lideresa africana, es usada para comparar, como si las historias de las naciones fueran lineales. ?Estuvo presa de verdad y padeció el exilio, también de verdad?. Es decir CFK tendría que haber padecido el exilio y la cárcel de igual manera de la mujer africana que refiere Aguinis, y además enfrentarse a ?dificultades espantosas, porque su país viene en forma directa de una sanguinaria dictadura?, nada dice de los juicios de la Verdad, Memoria y Justicia que en la Argentina están llevándose a cabo, sin adentrarnos en los civiles que fueron partícipes de la violación de los DDHH.

Se trata de la primera presidenta que conoce África, acaso la presidenta argentina no conoce el país? Sin embargo, el escriba de La Nación destaca de la historia de Liberia su admiración por las gestas independentistas trasvasadas desde Estados Unidos, argumentos que utiliza para comparar el sesgo ideológico de la política exterior de Argentina en el contexto latinoamericano.

?Honestidad? y ?talento?, son algunos de los adjetivos que utiliza en la calificación Aguinis para marcar las diferencias con Cristina Fernández, como así también menciona las de una política de la lideresa africana por rumbo tomado en búsqueda de la ?verdad? y ?reconciliación?, en oposición a los juicios de la verdad y la búsqueda de los responsables de los delitos de lesa humanidad.

En cada párrafo el columnista del diario de Mitre, hace referencia a que Sirleaf busca colaboradores con ?mérito? y no quienes le ofrezcan ?fidelidad?, le faltó utilizar ?lealtad? para ser más explícito. La referencia contínua a la presidenta sin nombrarla, nuevamente se pone paradójicamente en evidencia cuando refiere a Bachelet, la ex mandataria socialista chilena que obviamente desde la concepción ideológica de Aguinis le sirvió para contraponer las características de los hábitos argentinos.

La no mención para nombrarla no es otra cosa que la elocuente intolerancia a las políticas implementadas desde el gobierno nacional, haciendo centro en la descalificación de la presidenta.