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Tucumán

Cómo buscan a Daiana

Los perros se ‘clavaron’ a la vera del Río Salí, a unos 15 minutos de San Miguel de Tucumán. A un ratito de Alderetes. No hubo forma de que se movieran de allí. La tenacidad de Duke y de Halcón hizo sospechar a los policías que buscan a Daiana Garnica, la chica de 17 años desaparecida desde el 6 de mayo.

Imagen :minutouno

“Uno de los perros se dirigió ayer a ese lugar por eso hoy la policía lacustre trabaja allí”, dijo a Cosecha Roja Sergio Pérez, abogado de la familia Garnica.

El dato del río se hizo fuerte ayer a última hora de la tarde pero por falta de luz no se pudo seguir la búsqueda. “Ayer no pudimos continuar porque cayó la noche. Una pena porque los perros marcaron un lugar pero el agua se mueve y arrastra cualquier cosa. Lo bueno es que ellos pueden marcar desde arriba de una balsa si hace falta”, dijo a Cosecha Roja una fuente vinculada a la investigación.

Los perros son cinco. Duke y Halcón llegaron desde Punta Alta y son los mismos que participaron de la búsqueda de Araceli Fulles. De hecho Halcón fue el que encontró el cuerpo. La idea de mover el equipo a Tucumán surgió de la organización Argentinas Autoconvocadas. Ellas se ocuparon de pedir donaciones de dinero para trasladar caniles y entrenadores. También juntaron para una caja chica y aportaron las gasas y el film que se necesitan para recolectar las pruebas que puedan surgir. “Quisimos que los perros fueran a Tucumán porque no había una sola pista de la desaparición de Daiana. Nadie encontró nada. Nadie sabía nada. La familia tuvo que presionar para que la policía y la justicia comenzaran a moverse”, dijo a Cosecha Roja, Debbie Mac Donald, miembro de esa organización. “Recién hablé con la hermana de Daiana y me dijo que los Bomberos de Punta Alta y los perros regresan a su casa el viernes para que otra fuerza continúe. Duke y Halcón ya marcaron el río y no pueden hacer nada más”. Los otros tres perros que intervinieron en la búsqueda son de Tucumán, más otros dos de Santiago del Estero. Cinco de ellos, el fin de semana, se sentaron frente al horno de la ladrillera en la que trabajaba Darío Suárez.

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Imagen : La Gaceta