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Colombia: Las políticas anunciadas no solucionan la subordinación femenina, afirma Piedad Córdoba

Bogotá, julio.- “Yo, negra, enemiga del país, terrorista, irreverente, política, buena senadora, cercada por los paramilitares, secuestrada, necia, capaz de pensar que hay que detener la degradación humana; polémica sí, pero convencida de que puede haber otro mundo posible”.
Así se presenta Piedad Córdoba, de Medellín, 55 años, senadora de la República, afrodescendiente, tejedora de los actos humanitarios que han liberado a secuestrados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, entre ellos a Gladys Betancourt.

Es la misma que fue involucrada en la guerrilla e identificada como agente de Hugo Chávez. La que dice que, como mujer política, sufre directamente, con una campaña permanente de desprestigio, lo que sufren millones en un estado de violencia institucional.

Afirma convencida: “No me arredro. Mi única tarea es conseguir la paz en Colombia”, tras denunciar que, durante el gobierno de Álvaro Uribe, han sido asesinados y/o encarcelados 5.000 jóvenes que han sido utilizados como si fueran guerrilleros, entre ellos muchachos pobres, campesinos e indígenas.

Es lo que se llama falsos positivos, inventados por el paramilitarismo y mostrados al mundo como resultado positivo de la lucha contra la guerrilla, el narcotráfico y la delincuencia, dice.

Córdoba aseguró a SEMlac que se ha probado cómo esos muchachos son utilizados sin piedad, situación ya denunciada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y afirma que de los cuerpos militares han salido todos los paramilitares.

Habla con confianza absoluta con SEMlac; a picotazos, define su visión sobre el momento actual. Fue invitada por la Casa de la Mujer de Bogotá para hablar a las participantes al encuentro de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe por una Vida sin Violencia para las Mujeres, al cual asistieron representantes de 12 países de la región.

Piedad Córdoba explica que, con el pretexto del conflicto colombiano, “crece la ocupación militar de los Estados Unidos en la región y se establece una política de ‘seguridad’, que se cobra en los cuerpos y la vida de las mujeres sus más evidentes daños colaterales”.

Se reconoce formada por la Casa de la Mujer y es impulsora del grupo Ruta Pacífica, una organización que documenta y apoya todas aquellas acciones destinadas a acabar con la violencia feminicida contra las mujeres.

Tras su larga trayectoria política, afirmó a SEMlac que la fuerza que tiene para enfrentar a los políticos, a los militares y a los paramilitares le viene de la lectura del Factor Humano, de Nelson Mandela.

Desde 1991 no ha cesado en la búsqueda de acuerdos políticos para resolver el conflicto en Colombia, que solamente en los últimos años ha cobrado la vida de 5.000 personas.

Advirtió a las reunidas que actualmente hay una ‘catarata discursiva’ sobre el avance de las mujeres, que nada tiene que ver con la vida diaria de millones de pobladoras de la región, cercadas por una lógica de muerte y poder, un verdadero patriarcalismo autoritario, de fuerza deshumanizada, como signo de nuestros tiempos, en el que muchos gobernantes son dominados por los poderes extra gubernamentales, lo que se conoce como poderes fácticos.

Dijo a esta agencia que la movilización y la lucha para disminuir la violencia contra las mujeres se convertirá sólo en una procesión, si tras ella no existe una la lucha por la toma del poder.

Militante independiente del Partido Liberal, Córdoba afirmó que la guerra, el militarismo, el capitalismo exacerbado y fatal impiden la ansiada libertad para todas nuestras congéneres y marcan nuestra vida, la de las mujeres, no sólo por los bajos salarios, la inexistencia de buena vida y los empleos extenuantes, sino por la funesta circunstancia de violencia, pública y privada.

“Nada me duele más que verlas desnudas, completamente desnudas, en medio de este invierno colombiano. He visto a las jóvenes entregándose en las calles de Bogotá por un puñado de monedas”, refiere.

Esos, insistió, “son los efectos de un Estado desastroso del que nos tenemos que hacer cargo”.

Enseguida, durante una conversación apasionada y potente, a través de SEMlac, llama a las participantes de la Red Feminista a acompañar lo que denominó un período difícil para la región (Colombia, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Honduras, Panamá, Perú, México).

“Viene una etapa que será muy terrible”, dijo. Su relato es potente y agrega: “yo vivo el rechazo sistemático de una población convencida de que soy enemiga de mi país?cuando llego a un aeropuerto me da horror, me dicen de todo, me acusan” y sus ojos se nublan momentáneamente para volver a ser refulgentes. Pasa por una tristeza larga, que habla de cómo su vida cotidiana está marcada por intervenciones telefónicas, por una aguda y sistemática persecución y vigilancia a la que ya se acostumbró, a pesar de todo.

“Ya no tengo escolta alguna que me cuide, la he rechazado, ya no hay nada que no me inventen para hostigarme, todo el tiempo”, comenta.
Entrevistada el día en que el presidente Hugo Chávez rompió relaciones con Colombia, pidió a las mujeres que luchan contra la violencia específica y de género, que “nos acompañen en esta travesía”, y las invitó a realizar una reunión regional que analice y muestre “cómo es demagógica la mentira del avance para este sector poblacional”.

Propuso que se ponga en la picota la llamada Política Pública que surgió de la Conferencia de Beijing, realizada en 1995 por la ONU, con un plan de acción para mitigar la dominación femenina.

Bella, ataviada con su emblemático turbante, elegantemente vestida, entreteje sus manos nerviosas, acaricia un anillo grande y vistoso en su dedo índice izquierdo y cuenta que ha descubierto una nueva fosa común en la población de La Macarena, donde hay por lo menos 2.000 cadáveres, víctimas de la represión durante el gobierno de Uribe, el que promueve sin descanso eso que llama “seguridad democrática”.

Sostenida por su largo andar, Piedad Córdoba afirma que el papel político de las mujeres debiera ser otro, al referir que las políticas anunciadas por los gobiernos no solucionan el problema fundamental de la subordinación femenina.

Reiteró que realizar urgentemente una Conferencia Regional que analice qué ha pasado en los últimos 30 años nos puede dar otro horizonte: la vida de las mujeres ha cambiado tremendamente con las políticas neoliberales, que también necesitan combatirse. Piedad lo define como “letal avance”.

Los informes de la Red Feminista le dan la razón; en todos ellos la estadística muestra un aumento de la violencia contra las mujeres, impunidad, leyes no cumplidas, creciente simulación, mientras ellas aumentan su carga cotidiana y sostienen, con el cuidado, las crisis económicas recurrentes. Pierden hijos, maridos y hermanos en los distintos conflictos y son, sistemáticamente, víctimas y asesinadas.

Ella es una política que ha sido identificada con el presidente Hugo Chávez de Venezuela, lo que niega categóricamente. “Lo que he hecho es dialogar y convenir para salvar vidas”, insiste.

Recuerda cómo los poderes en Colombia han tratado de involucrar, por ejemplo, al presidente de Ecuador en un supuesto apoyo a la guerrilla colombiana y refiere que detrás están la misma políticas que urdieron el golpe en Honduras, asesoran la política de seguridad del gobierno de México, intervienen en las acciones gubernamentales de El Salvador y crean el espacio para las nuevas bases militares de Estados Unidos”, sostiene.

Luego, en su tono contestatario, dice sarcástica: “Si hubiera avance real para las mujeres, yo sería hace tiempo presidenta de Colombia”, porque, explica, “soy una mujer capaz de enfrentar con fortaleza la degradación humana insoportable, y creo que nosotras nos soldamos con la fuerza necesaria para sobrevivir. Eso nos hace diferentes”.

Pintada de cuerpo entero, Piedad Córdoba nos cuenta cómo, a pesar de las prohibiciones, fue a la Plaza Bolívar de Bogotá, donde el 20 de julio, en la jornada del bicentenario de la independencia, miles y miles de pobladores del campo y las ciudades se dieron cita para hacer una contramanifestación. “Eso me da esperanza, la gente se está levantando”, dice.

Y ahí habló de cómo “nada se puede celebrar todavía”, y explicó que hace paralelamente un triple esfuerzo: negocia como senadora en la creación de acuerdos políticos, comisiones de monitoreo sobre los detenidos como resultado de las declaraciones de los paramilitares que informaron de ese sistema de falsos positivos y toda la parafernalia de la “seguridad democrática”, “que es una gran mentira y que será continuada por Santos”, asegura.

Agrega que, durante el gobierno de Uribe, también se arrebataron muchas tierras a campesinos e indígenas colombianos, incluso a pequeños productores y propietarios. El desplazamiento ha sido feroz.

Sus palabras se van perdiendo poco a poco. La conversación discurre por su vida y su lucha, hacia lo que hoy toca hacer. Está parada la negociación para recuperar a los secuestrados, y hoy ella está centrada en nuevas negociaciones