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Colombia: Alarmante aumento de niños y niñas combatientes

Bogotá, julio (Especial de SEMlac).- Pese a los informes y resoluciones de la Organización de Naciones Unidas, el reclutamiento forzado de menores en Colombia por parte de los grupos armados al margen de la ley no sólo continúa, sino que ha aumentado y la edad de enrolamiento de niñas y niños es cada vez menor.

?A través de nuestro trabajo en terreno y con desplazados, vemos un reclutamiento intensivo de menores de edad por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en algunas regiones del país?, afirmó a SEMlac Jorge Rojas, presidente de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento.

En 2006, las autoridades estimaban que había de 6.000 a 11.000 menores de edad en las filas de las guerrillas como en las de los grupos paramilitares. Hoy podrían llegar a estar entre 14.000 y 17.000, la mitad de los cuales habría sido reclutado por las FARC, según un reciente informe del Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza.

En dicho reporte, Colombia ocupa el quinto lugar en el mundo donde los grupos armados reclutan más niños, niñas y adolescentes menores de 17 años.

?Este reclutamiento hace parte de la estrategia de reforzamiento de las FARC, que busca suplir los desertores y caídos en combates, lo cual genera desplazamiento de la población civil, que huyen para proteger a sus hijos e hijas?, agregó Rojas.

El, dirige la ONG con mayor trayectoria en desplazamiento interno por motivo del conflicto armado que vive este país andino desde hace cerca de 50 años.

Rojas explicó que también los nuevos grupos de paramilitares (formados después de la desmovilización de las principales agrupaciones de este tipo) están reclutando menores, lo cual hace que éste sea ?el primer problema del conflicto?, pues le da características indefinidas, aumenta su degradación y las posibilidades de expansión.

?Además, marca un aumento de combatientes formados más como militares que como políticos, y un desconocimiento del Derecho Internacional Humanitario?, abundó.

El Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza ha instado a la comunidad jurídica internacional para que solicite a la Corte Penal Internacional la apertura de un proceso sobre el reclutamiento de niños en Colombia.

?Nos preocupa que se llegue a esa instancia. Ya la ONU advirtió sobre el tema. Creo que se requiere de un esfuerzo del Estado colombiano para proteger, asegurar justicia y prevenir estos hechos?, puntualizó Rojas.

La gravedad del reclutamiento forzado de menores en Colombia fue expuesta en un informe de la ONU, que se presentó ante el Consejo de Seguridad de esta organización en marzo pasado.

“En muchos casos, los grupos armados han torturado o matado a niños por haberse resistido al reclutamiento o por intentar escaparse”, dice el informe en uno de sus apartes.

Pero además de reclutar a la fuerza a más menores, también están enrolándolos a más corta edad. La edad promedio era de 13,8 años en 2001, la cual disminuyó a 12,8 en 2005. Según recientes observaciones en terreno de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en Colombia, la media está en 11,8 años.

Y por si fuera poco, según UNICEF, el reclutamiento forzado se produce en 31 de los 32 departamentos (provincias) del país, lo cual incluye no sólo zonas rurales, sino también las áreas urbanas deprimidas.

Según el estudio ?Caracterización de las niñas, niños y adolescentes desvinculados de los grupos armados ilegales: Inserción social y productiva desde un enfoque de derechos humanos?, realizado por la Defensoría del Pueblo en 2006, la mayoría de los menores se encontraban en situaciones de vulnerabilidad socioeconómica y afectiva cuando fueron reclutados.

El estudio, al que tuvo acceso SEMlac, menciona entre sus hallazgos ?la carencia de redes de protección familiares, sociales y comunitarias, así como de ofertas sociales y referentes institucionales, que contribuyan como factores de retención y contención de la partida de estos niños, niñas y adolescentes a las filas?.

Y es que no es fácil oponerse a los actores armados sin poner en riesgo la vida. Los guerrilleros los buscan en las escuelas y en las veredas, pero pocos son los maestros y padres que muestran resistencia activa. Por eso ahora, los progenitores prefieren huir con sus hijos e hijas antes que verlos forzados a engrosar las filas de combatientes.

La vulnerabilidad en que se encuentran es aprovechada por los grupos armados para persuadirlos a enrolarse. Muchos de los menores afirmaron ?en el estudio? que se les ofreció dinero, uniformes, armas. Sin embargo, si no los convencen se los llevan a la fuerza. En cualquier caso, ante la legislación colombiana, el reclutamiento de menores es un delito.

Ser mujer en las filas armadas

Sin distingo de sexo, los menores vinculados a los grupos armados ilegales cumplen labores bélicas, como combatir, participar en emboscadas y fabricar y poner explosivos, así como en labores de mantenimiento, como cocinar, lavar y sembrar. Y también realizan ?raspado? (cosecha) de hoja de coca, según revela el mencionado informe.

Pero no es igual ser adolescente mujer que hombre cuando se está en un grupo armado ilegal. La investigación reveló que los actores armados controlan el cuerpo, la sexualidad y la reproducción de los y las adolescentes reclutadas, poniendo en riesgo la salud, principalmente de las mujeres, debido a embarazos adolescentes y abortos.

Las encuestas aplicadas en el estudio de la Defensoría del Pueblo permitieron establecer que el 34,6 por ciento de las adolescentes mujeres desvinculadas de grupos ilegales armados estuvo alguna vez embarazada y el 26,4 por ciento de los adolescentes hombres que estuvieron enrolados afirmó que alguna de sus parejas tuvo alguna vez un embarazo. Y un tercio de todos los anteriores afirmó que terminó en aborto espontáneo o inducido.

Las mujeres adolescentes también están expuestas a violación y esclavitud sexual, e incluso a que les roben los hijos.

?Tan pronto nació mi niño me lo quitaron. Dijeron que estaría bien. Yo estuve muy triste, luego pensé que la selva no era un lugar para niños?, afirmó a SEMlac una adolescente de 17 años desvinculada de las FARC, que prefirió guardar el anonimato.