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No les alcanza para la vianda mínima

CIERRAN COMEDORES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Más de la mitad de los chicos en la Provincia de Buenos Aires vive en la pobreza y la nutrición de casi cuatro de cada diez depende del plato escolar.

Imagen : Radio Sensación 93.5 FM

La espiral descendiente de la crisis empieza en el deterioro de la clase media, sigue en el desembarco masivo en la pobreza y, en el más triste de los casos, termina en el cierre de los comedores y merenderos, últimos bastiones de la supervivencia, porque son incapaces de responder a la demanda y hacer frente al aumento de los insumos y el pago de los servicios. La tormenta de la que habla el presidente Mauricio Macri moja a todos pero ahoga a los más vulnerables.

El jueves el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, advirtió que la pobreza aumentó entre tres y cuatro puntos en los primeros meses del año al compararlo con el anterior semestre, que había sido del 25,7%. “Hoy tres de cada diez argentinos están en situación de pobreza por ingresos”, precisó en una entrevista en Radio La Red.

También dijo que los chicos “son mucho más vulnerables en todos los contextos” y puntualizó que “el 25 % come en comedores comunitarios y escolares”, pero “esta cifra se está ampliando significativamente”.

En el Conurbano las cifras son más dramáticas. De acuerdo a un relevamiento de la Defensoría del Pueblo bonaerense, el 54,2% de los menores de edad vive en condiciones de pobreza y el 37,7 % depende de los comedores escolares para alcanzar una alimentación mínima que les permita desarrollarse. Pero la estadística es incapaz de reflejar la desesperación de perder hasta eso.

“Por lo menos queríamos sostener el comedor hasta después de las vacaciones de invierno, porque en las vacaciones los chicos se pierden la comida que dan en la escuela pero fue imposible. La demanda creció mucho y la comida no alcanzaba para todos. Los grandes podemos zafar tomando mate, pero cómo le vas a negar un plato de comida a los chicos, los abuelos y los discapacitados. Con todo el dolor en el alma tuvimos que cerrar”, cuenta Diego Vivas, presidente de la Asociación Civil Rinconcito del Pilar, que administraba cuatro merenderos y un comedor en la zona de Manuel Alberti, Del Viso y Pilar.

Desbordados. Hace dos semanas, la gobernadora de la provincia, María Eugenia Vidal, anunció un paquete de 318 millones de pesos para atenuar el impacto de la inflación en los alimentos que incluyó un aumento del 15% retroactivo a mayo del Plan Más Vida, una tarjeta mensual de 5000 pesos para mil comedores –destinado a la compra de garrafas, productos de limpieza o alimentos frescos– y la inclusión de 18 nuevos municipios en el programa Un Vaso de Leche por Día.

Pero a veces el Estado llega tarde. En Troncos del Talar, en el partido de Tigre, están en peligro unas 400 viandas por día, entre almuerzo y merienda, el apoyo escolar que reciben 130 chicos, un taller de fotografía, una posta sanitaria y un curso de Psicología Social y otro de Operador en Adicciones.Imagen : La Izquierda Diario

“Se nos hace difícil seguir porque no estamos llegando a fin de mes. A los 15 días ya nos quedamos sin mercadería y tenemos que inventar con lo que tenemos porque no podes dejar sin comer a la gente. Así que tenemos que estirar todo. Lo que antes era una porción abundante ahora es una porción chica. Esta situación nos obliga a pensar en cerrar el comedor”, confiesa con dolor Cristina Geréz, coordinadora de Los Bajitos, un lugar que nació con la intención de ser un centro cultural pero que la necesidad lo convirtió en un refugio entre tanto desamparo.

Además de hacer malabares con la comida, Cristina tiene la ingrata tarea de elegir el destino del poco dinero que ingresa. “Tenemos un subsidio de la provincia que antes nos permitía pagar los servicios, a los docentes y comprar algo de mercadería, pero ahora con esa plata cubrimos los sueldos de las docentes y tengo que elegir si pago los servicios o compro mercadería”.

Cristina tenía la ilusión de inaugurar en su centro un espacio de primera infancia pero los atrasos en las partidas oficiales hicieron que los costos de los materiales y la mano de obra se dispararan hasta convencerla de postergar su sueño.

Para Hernán Amándola, a cargo del Hogar El Ángel Azul”, de La Plata, “el día a día es lo que te pasa por arriba”.

“A nosotros el Estado provincial –explica– nos pasa por cada chico unos 6000 pesos. Eso está totalmente desactualizado. Por mes recibimos entre 140 y 150 mil pesos pero nosotros tenemos de gasto unos 350 mil. Es muy complicado seguir así”.

Hernán define la situación actual, no sólo de los comedores, sino de la población en general, “de supervivencia”, en la cual “uno se preocupa más en cómo generar recursos que en la necesidad de los pibes”.

“Nos estamos organizando con distintas organizaciones de La Plata y grupos de niñez y adolescencia para buscar estrategias que puedan hacer frente a esta situación porque todos estamos desbordados. Ya sabemos que esto no va a mejorar, así que buscamos estabilidad, que no empeore más”, se sincera con Tiempo Argentino