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Solidaridad feminista hoy más que nunca

Chile: Sororidad feminista tras el terremoto

Santiago de Chile, marzo.- Sororidad significa solidaridad entre mujeres pares, literalmente entre “sores” o hermanas. Es el símil femenino de fraternidad que se refiere a la solidaridad entre hermanos. Precisamente esa es la palabra escogida por las activistas feministas en Chile para realizar acciones solidarias para ayudar a sus hermanas políticas azotadas por el terremoto y los tsunamis del pasado 27 de febrero.

Es el apoyo a esas otras mujeres luchadoras que hoy se encuentran sin techo, arroz o toallas higiénicas.

Sororidad es lo que más se necesita en un país que, a 20 días del terremoto, mantiene tres regiones del centro y sur con la declaración de Estado de Catástrofe ?para facilitar el otorgamiento de los recursos? y Estado de Excepción, o sea con las Fuerzas Armadas a cargo de la seguridad pública.

Alrededor de 800.000 damnificados y damnificadas, dos millones de personas afectadas y casi 300 muertos es el saldo reconocido actualmente por la Presidencia tras la catástrofe natural. La pérdida total se calcula en unos 30.000 millones de dólares, lo que equivale a un 17 por ciento de lo que Chile produce en todo un año, indicó el presidente Sebastián Piñera en un reciente discurso.

Talca

Talca, perteneciente a la región del Maule, en el centro del país, fue una de las zonas más golpeadas por el sismo de 8,8 grados escala Richter y epicentro del pasado movimiento telúrico. Es también una ciudad donde proliferan las organizaciones de mujeres y feministas, a pesar ?o quizás como respuesta? a lo tradicional y rural de la región.

Es en esta ciudad donde funcionaba hasta el 27 de febrero el centro Quidell, casa ubicada en el casco histórico de la ciudad, en la cual un grupo de activistas trabajaba orientando y atendiendo a mujeres que vivían violencia doméstica y haciendo prevención de esta misma violencia para mujeres y niñas.

Tras el terremoto, la casa quedó completamente en el suelo, contó a SEMlac Guacolda Saavedra, una de sus integrantes.

En el mismo lugar funcionaban otras organizaciones de mujeres, por ejemplo la agrupación de Trangéneras por el Cambio, quienes se quedaron sin sede y al mismo tiempo perdieron los inmuebles que les servían de vivienda y lugar de trabajo pues la mayoría se dedica al comercio sexual. “Están durmiendo detrás de un camión sólo con frazadas”, narró Guacolda.

Relató como muchas de las integrantes de organizaciones de mujeres de Talca quedaron sin casa en un par de minutos, y cómo la ayuda ha demorado en llegar por parte de las autoridades locales, por lo cual el apoyo que llegó de manos de feministas “sororales” ha sido más relevante aún.

Toallas higiénicas para las compañeras

Este Día Internacional de la Mujer era esperado por las organizaciones feministas agrupadas en la Coordinadora 8 de marzo: era el primero con un gobierno de derecha y se hacía importante dejar en claro que no se permitirían retrocesos en los derechos ganados por este sector poblacional durante los pasados 20 años de la Concertación.

Las reuniones comenzaron en diciembre y los temas a trabajar eran varios: trabajo, derechos sexuales y reproductivos, neoliberalismo, entre otros. Pero la historia quiso otra cosa y, tras el terremoto, la conmemoración cambió inmediatamente su cariz y la marcha se transformó en acto solidario.

En el comunicado que convocó a la actividad, la Coordinadora 8 de marzo señaló: “Las organizadoras llaman a reconocer la importancia de las mujeres para la reconstrucción de comunidades y núcleos familiares cuando estas tragedias ocurren. Históricamente, la ayuda internacional se canaliza a través de las mujeres, en especial en lo relativo a alimentos y enseres para las casas”.

En la Plaza Italia se reunieron y pidieron a las asistentes llevar ayuda pensando en la especificidad de mujeres que, por más que sean víctimas del terremoto, siguen siendo mujeres: ¿Cómo será quedarse sin casa y no tener acceso a algo tan banal pero importante como toallas higiénicas? ¿Quién imagina una menstruación sin tan preciado avance de la tecnología?

Las feministas lo hicieron y sumaron a la lista desodorantes, pañales para adultos y bebés ?porque a las mujeres nos toca el cuidado de infantes y ancianos/as?, sostenes y calzones nuevos.

Las mujeres llegaron al encuentro y reunieron útiles de aseo y abrigo, alimentos y dinero, los cuales fueron llevados luego al Centro Quidell para repartirse en Talca.

No sólo la Coordinadora 8 de marzo habló de sororidad feminista tras el terremoto. El Fondo Alquimia, único fondo feminista de Chile, organizó la campaña “Las mujeres donamos a las mujeres”, consistente en la recolección de donaciones nacionales e internacionales para ir en ayuda de las mujeres que han sufrido con el sismo recién pasado.

Las donaciones se reciben en Chile a través de un banco, en Europa en alianza con la Fundación Diáspora Solidaria y en Estados Unidos a través de una integrante de la Red de donantes de Fondo Alquimia; y los recursos serán canalizados a través de tres organizaciones: Centro Quidell en Talca, y en Concepción La Comunidad lésbica Teta insurgente y la Casa de los Colores.

Señalaron en la convocatoria de la campaña: “Tu donación es muy importante para responder a las necesidades más urgentes y para contribuir al fortalecimiento del tejido social de estas comunidades, tarea en la que las organizaciones de mujeres cumplen un rol fundamental”.

Sororidad como estrategia política

Pero ante tanta ayuda ¿cómo diferenciamos la caridad de la solidaridad entre pares? ¿Cuánto de político tiene la sororidad?

Vanessa Naranjo, de Articulación Feminista, indicó a SEMlac: “La sororidad, cómo práctica política en un contexto de catástrofe, como la que estamos viviendo en Chile, es fundamental, para recrear y reforzar el lazo social entre nosotras que compartimos la misma opresión de género, como un gesto político que trascienda y brinde apoyo a nuestras hermanas afectadas por el terremoto”.

“Asimismo, la sororidad es profundamente política, porque nos permite reconstruir y construir comunidades, no sólo de mujeres, sino que nos afirma y nos empodera en la creación de una sociedad igualitaria desde un feminismo sororal”.

Para Beatriz Sotomayor, también perteneciente a Articulación Feminista, Sororidad, se refiere a una ética de relación entre mujeres: “Una cortesía especial que implica una solidaridad diferente. Ahora en el terremoto, para mí implica que la ropa, el dinero y otros que yo pueda reunir los enviaré preferentemente a organizaciones de mujeres y mas aún si trabajan con mujeres”, relató a SEMlac.

Agregó que la sororidad no sólo es utilizable en épocas de emergencia, sino en la cotidianidad, refiriéndose a la competencia constante entre mujeres por los “hombres elegibles”, donde las más fuertes ganan como en la ley de la selva.

“Precisamente porque es un concepto alternativo a la jungla y que buscan transformar sustancialmente la cultura, la sororidad es muy política. Por esto, el pensar en las necesidades de las mujeres y ver cómo satisfacerlas en una situación como la actual, es un acto sororal y un gesto político que apunta a pensar el bienestar de las mujeres como prioritario”, concluyó.