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Violento y simulador

Casación revocó la probation que le habían otorgado a Javier Bazterrica,alias “el gigoló”

Así lo decidió la Sala II de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional, en línea con lo planteado por el Ministerio Público Fiscal, dado que el accionar del imputado debía considerarse dentro de una situación de violencia de género. El hombre está acusado de estafa reiterada en cinco ocasiones, hurto agravado, amenazas coactivas y daño.

Imagen : El Liberal

En línea con lo planteado por el titular de la Fiscalía General Nº7 ante los Tribunales Orales Criminales y Correccionales, Oscar Ciruzzi, la Sala II de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional revocó la probation que el Tribunal Oral Criminal y Correccional Nº7 le había otorgado el año pasado a Javier Bazterrica, en el marco de la investigación que se le sigue por el delito de estafa reiterada en cinco ocasiones; hurto agravado; amenazas coactivas y daño.

En uno de los casos, el imputado amenazó a quién era su pareja en varias ocasiones luego de que se terminara el vínculo. Por mail, le espetó: “te queda poco, le conté a todos (…); ahora si te hago mierda”. En otro párrafo, la amenazó: “agarrate y salí del país porque te hago mierda”.

En los diferentes hechos que se le imputaron, Bazterrica se hacía pasar por otra persona y engañaba a las mujeres para que realizaran diferentes inversiones o le dieran dinero. En la audiencia de probation realizada el año pasado, Ciruzzi se había opuesto a la concesión de la probation pero el juez Gustavo Valle se la otorgó de todas maneras, por lo que la fiscalía recurrió la resolución ante la Cámara Nacional de Casación Penal.

En la audiencia celebrada ayer, Ciruzzi recordó que las frases amenazantes dirigidas a una de las víctimas debían ser enmarcadas dentro de una situación de violencia de género ya que entre ambos existía “una relación de pareja y una fuerza desigual”. Consideró que la situación debía resolverse en un juicio, de acuerdo a lo postulado en el fallo ‘Góngora’ de la Corte Suprema. Allí se sostiene que la suspensión de juicio a prueba es incompatible con la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer.

Al resolver la cuestión, la Sala II –integrada por los jueces Eugenio Sarrabayrouse, Horacio Días y Daniel Morin- coincidió con la Fiscalía en ese planteo y destacó, además, las cuestiones de “política criminal” que argumentó Ciruzzi para continuar con el proceso y la pluralidad de los hechos que le imputaron a Bazterrica. Además, recordaron la gravedad de los delitos y la negativa que manifestaron las damnificadas en la audiencia de probation.

En su resolución, los camaristas también tuvieron en cuenta que el hombre registra una causa similar en Rosario y la presencia de “un patrón en común entre las víctimas”, lo que podría requerir una eventual pena de efectivo cumplimiento. “Se advierte que el juez de grado erró al descalificar la oposición fiscal como infundada, pues de la reseña que antecede surge que se han dado motivos concretos, en particular, la necesidad de llevar a cabo un debate oral a los efectos de evaluar si en un caso como el presente, en el que se han imputado 6 hechos, corresponde requerir una pena de efectivo cumplimiento”, marcaron los jueces de Casación.

En virtud de ello, decidieron revocar la probation otorgada y enviar la causa nuevamente al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº7, de acuerdo a lo expresado por la Fiscalía.

La investigación

El primer hecho que se le imputa ocurrió entre mayo y junio de 2009. Bazterrica se ganó la confianza de una mujer, a quién le dijo que era el dueño de la Clínica Bazterrica y jugador de polo con “un alto nivel adquisitivo”. Aprovechándose de ese vínculo, intercambió varios mails y mensajes de texto donde le ofreció el alquiler de dos departamentos.

A la mujer le interesó uno de los departamentos, por lo que fue con su padre a reunirse con el imputado y le dio 3000 pesos en concepto de primer mes y depósito. Luego, fueron hasta una inmobiliaria donde redactaron y firmaron un contrato. En ese momento, le dio los números de teléfono del estudio que se encargaba de la operación y de un abogado.

La damnificada llamó varias veces a estas dos personas pero nunca pudo comunicarse, por lo que le envío a Bazterrica un mensaje. Éste le contestó: “ahora me comunico y digo que te llamen”. Nunca más pudo hablar con él y cuando se dirigió al departamento alquilado, se dio cuenta que no existía.

Según el requerimiento realizado por el fiscal Carlos Velarde, entre fines de 2011 y principios de 2012, Bazterrica mantuvo durante cinco meses un relación amorosa con una mujer, a quién le dijo que se llamaba Máximo Blaquier. Convivieron durante los últimos tres meses, hasta que rompieron su vínculo, a comienzos de marzo de 2012. El 3 de marzo, el acusado se retiró de la vivienda de su ex pareja y dejó una valija. Tres días después utilizó una llave para ingresar a la casa y llevarse otros elementos.

A partir de esto, la mujer cambió la cerradura, le pidió al acusado que le devolviera las llaves y que retirara las cosas que quedaban allí. A partir de ese momento, comenzó a recibir mensajes de tenor amenazante. También, intercambiaron mails dónde él le espetó: “te voy a hacer mierda con la justicia”.  Además, por la relación sentimental y de convivencia que los unía, Bazterrica logró que su pareja le entregara 8300 pesos, una consola de videojuegos y un equipo de audio, que nunca fueron devueltos. Además, le robó un dvd y la convenció de que le entregara 3000 pesos para que los invirtiera en la Bolsa de Valores, donde él dijo trabajar.

El 18 de mayo, el acusado le envío otro mail: “te queda poco, le conté a todos (…); ahora si te hago mierda”. En otro párrafo, la amenazó: “agarrate y salí del país porque te hago mierda, estamos más cerca de lo que pensas sorete vas en cana y encima te cagan a trompadas así que mejor cuidate la espalda”.

En el tercer hecho, Bazterrica se presentó como Máximo Javier Mac Fux, un persona de “alto poder adquisitivo”. Se conocieron con la damnificada vía “Facebook” y se encontraron en el local bailable “Esperanto”, donde le aseguró que estaba con guardaespaldas porque era “el nieto de Fortabat”. Luego de esa salida, la relación continuó al punto tal que la mujer le presentó a sus hijos y hasta permitió que el acusado conviviera un tiempo.

Para esa época fue que Bazterrica le pidió a su pareja que le prestara 20 mil pesos para abrir un gimnasio. La mujer se los dio pero nunca le fueron devueltos. Finalmente, averiguó que el hombre le había dado un nombre falso.

Entre diciembre de 2012 y enero de 2013, conoció Bazterrica a la cuarta víctima. A ella le contó que le gustaba jugar al polo, que era economista y que su familia vivía en Inglaterra y en Argentina. Aprovechándose de este vínculo, logró que la mujer le ofreciera quedarse a vivir en su casa mientras él buscaba departamento.

En ese momento, la víctima le alquilaba una habitación a una extranjera que le pagaba en dólares. Al necesitar cambio en pesos argentinos, Bazterrica se ofreció a hacerlo. Puso como excusa que conseguía un buen precio pero, con el transcurso de los días, el hombre fue poniéndole diferentes excusas para no entregarle el dinero.

Por último, se le imputa haberse aprovechado de la relación de pareja que mantenía con Adriana Mendoza y engañarla haciéndole creer que iba a invertir los 5000 dólares que le diera en una operación bursátil para hacerla ganar más dinero. En esta ocasión, Bazterrica se había presentado como Máximo Nazar Anchorena.

A pesar de que pasaron los días y la mujer comenzó a reclamar su inversión, el acusado no le dio respuestas concretas hasta que dos semanas después le dijo que no le devolvería el dinero. También, se le imputa haberle ocasionado daños en el parabrisas del auto de Mendoza mientras la mujer manejaba. La situación se generó en el medio de una discusión dentro del vehículo, cuando Bazterrica se puso violento y golpeó el parabrisas y luego a ella en el pecho. Cuando la mujer quiso bajarse, el imputado la agarró del cabello para que continuara manejando.