Noticias Destacadas

Entre Ríos

Carta contra la impunidad a dos años del femicidio de Gisela López

Luego de conocerse que revocaron la sentencia absolutoria en primera instancia por el caso de Gisela, Gabriel López, hermano de la joven asesinada en Santa Elena, difundió en las redes sociales un escrito.

Imagen : Entre Ríos Ahora

Gisela López tenía 19 años cuando desapareció luego de salir del colegio, el 22 de abril de 2016, y fue hallada sin vida el 10 de mayo cerca de la casa de los imputados, en Santa Elena.

La Fiscalía había solicitado la prisión perpetua para tres de los cuatro imputados, Mario Saucedo, su hijo Elvio, y Matías Vega. Finalmente la justicia absuelve de culpa y cargo a los acusados, que tras el fallo de los jueces quedan en libertad.

Luego de quedar impune el crimen, el Ministerio Público Fiscal recurrió la sentencia y este miércoles, el Tribunal de Casación revocó la sentencia absolutoria ordenando un nuevo juicio, por lo que Matías Vega, Mario y Elvio Saucedo podrán volver a ser juzgados por el femicidio de Gisela López.

La carta

Comienza con una contundente presentación “Yo soy Gisela López, no me he ido.” Continúa: “Crecí pensando que en la vida sería feliz y que sería justa, que por cada esfuerzo que realizara habría una recompensa. Crecí en una casa donde el amor era nuestra bandera, el respeto moneda corriente, aunque todo nos costó el doble, seguí creciendo con esperanza; con el pan en la mesa; con las sonrisas achinadas y el alma en flor con cada carcajada”.

Con una imagen vívida, recuerda y revive la infancia de Gisela “Viví la vida que me tocó, largas caminatas para ir a la escuela; los mensajes de mis amigas; los sueños en cada amanecer en esta ciudad donde no siempre fuimos tomados en cuenta… será porque vivíamos a la salida, aunque preferí pensar que vivíamos a la entrada de este pueblo”.

El escrito enviado por Gabriel enumera los sueños y proyectos que anhelaba: “Soñé que la vida era mía, que podía tener un cumpleaños con vestido largo y rodeada de mis amigos, mi familia y lo logré. Soñé que la vida era mía y que podría ir a escuchar la Beriso, mi banda favorita. Soñé que el futuro también iba a ser mío, será por eso que seguí estudiando de noche para llegar a ser alguien algún día, aunque yo ya era alguien.. alguien que soñaba despierta, repleta de proyectos e ilusiones”.

“Viví una vida sabiendo que había maldad, egoísmos, habladurías, pero juro que nunca pensé que esa maldad podría dañarme, tampoco a mi familia, porque habíamos aprendido a ser fuertes y valorar lo poco o mucho que teníamos y eso nos definía como familia y personas”, menciona con decepción.

“Un día alguien decidió que mi vida no era mía, que mis sueños tampoco lo serían. Lo hizo en un lugar y un momento lleno de significados, ni más ni menos que cuando volvía de estudiar, esa era yo, la que iba a clases y caminaba muchas cuadras para pensar que tenía futuro. Ellos decidieron robar mi cuerpo, ultrajarlo, violentarlo y tirarlo como quien arroja un desecho en la basura . Creyeron que yo era solo eso, un cuerpo…”, se lamenta.

“No tuvieron quizás la posibilidad de pensar en esas tardes de mates y tortafritas, de los ojos achinados de tanto reír de mis hermanos, mi mamá y los míos alrededor de la mesa compartiendo todo lo que teníamos. Pensaron que me robaban la vida, pero al final de cuentas la vida es algo más que mi cuerpo ultrajado, ese cuerpo en una tumba donde hoy quienes me aman llevan flores para honrarme”, Gabriel afirma con tristeza.

“Probablemente no pensaron, porque no tuvieron la capacidad, quien era yo, quien era esa joven que volviendo caminando de la escuela. Solo pudieron ver un cuerpo y no pudieron ver mi alma. Luego de atacarme imagino que pensaron que quitándome la vida todo quedaría en silencio. Muchos pensarían que yo sería la responsable de mi crimen, por cómo estaba vestida o si estaba con alguien, el grupo de amigos… seguramente creyeron que los dedos acusatorios apuntarían a mi familia y harían aún más injusta mi muerte y el dolor que ellos tenían”, se interpela buscando comprender porque actuaron así.

“Se equivocaron porque tarde o temprano, más allá de las injusticias o la justicia, la verdad saldrá a la luz“, manifiesta esperanzado.

Con seguridad se refiere a que “quienes creyeron robar mi vida les diré que no serán impunes, esta es mi promesa aunque no esté aquí, es que ya no estoy sola porque tengo a mi familia; mis amigos; mis vecinos; mi ciudad; mi país que me acompañan; también algunas mujeres y hombres en la justicia. Ya no estoy sola y ustedes sí, con sus almas apagadas, sus manos vacías y manchadas con sangre. Soy una víctima de feminicidio, de una larga lista de vidas robadas, pero sepan que no estoy sola y nunca más lo estaré. Estoy en cada despertar de mi familia, de mis amigos, en remeras que llevan mi foto y reclaman justicia, en el merendero que está hoy en mi casa y lleva mí nombre, en el mural de mi barrio que les recuerda mi presencia”, afirma en el escrito difundido por Gabriel.

“No les enseñaré a vivir, porque no saben que es la vida, que es el amor o una familia de ojos achinados riendo alrededor de la mesa”, revive en su memoria.

“Desde este cielo solo sé que el amor vencerá y en algún momento quienes saben lo que sucedió hablarán por sus hijas, sus hermanas, madres, vecinas, amigas…. que no hay más espacio para el silencio. Porque hablar significa estar del lado de la vida, no ser cómplices del horror y por sobre todo que nunca más en nuestro pueblo se pierda la libertad o la vida de nuestras mujeres”, convoca al compromiso de cada vecino y vecina que pueda ayudar en el caso.

“Yo soy Gisela, para mi familia y amigos Gise. Sigo viviendo a través de mis sobrinos; mis hermanas y hermano; en mi mamá; mis amigas y amigos.. sigo estando aquí, en cada uno de los que compartí este camino y dejé algo en sus vida, sigo esperando tarde o temprano que mi vida y mi muerte para esta sociedad no hayan sido en vano, sigo aguardando que mi nombre sea sinónimo de Justicia. Gisela López”. Finaliza la carta.