Carcajadas de mujeres contra el Gobierno turco

La Internet turca, uno de los campos de batalla en que partidarios y detractores del gobierno turco tienen por costumbre combatir exprimiendo la creatividad, se ha inundado de fotografías de féminas lanzando joviales sonrisas a cámara. Es su contraataque a esta sentencia: “El decoro es un ornamento de la mujer, y lo es también del hombre. La mujer debe ser decorosa, saber qué es lo decente. No debería reírse en voz alta delante de todo el mundo, ni hacer movimientos seductores”.

El viceprimer ministro Bülent Arinç, una primera espada del líder turco Erdogan por su estilo comedido a la hora de explicar al público la postura de la administración, ha pronunciado recientemente en un discurso esas palabras, recogidas por el periódico local ‘Hürriyet’. La respuesta a tamaño alegato conservador, que recomendaba la lectura del Corán y la convivencia en familia como remedio para evitar la destrucción de la sociedad, no se hizo esperar.

En las últimas horas, un torrente de instantáneas de amplias carcajadas de chicas turcas ha recorrido Twitter. “No sonriamos, volvámonos piedras”, rezaba un tuit de forma irónica acompañado de una fotografía de tres jóvenes sonriendo. “Fan de Bülent Arinç”, escribía otra tuitera. El ‘hashtag’ #direnkahkaha (#resistecarcajada) se ha encumbrado en la lista de ‘trending topics’. Varios medios turcos han reproducido en galerías todas las imágenes vertidas en la red.

Protestas constantes en la red

Acciones virales como esta, protagonizadas por mujeres, han sido constantes en los últimos tiempos. El conservador religioso Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan, en el gobierno desde hace 12 años, ha sido acusado insistentemente por opositores de invadir la intimidad e imponer su concepción vital. También la de la mayoría de los turcos. Una de las últimas campañas virales feministas criticaba, con fotos de casos reales, la manía de los chicos turcos de espatarrarse de piernas al sentarse en el metro o el bus.

Recep Tayyip Erdogan, que dice querer hacer brotar en su país una nueva “generación de oro piadosa”, ha ordenado disgregar chicos y chicas de las residencias universitarias públicas, se ha opuesto al aborto y al parto por cesárea y recomienda a las mujeres tener un mínimo de tres hijos. El enero pasado, tras un brutal asesinato de una niña de 12 años recién casada en Siirt, la ministra de Familia Aysenur Islam calificó de “inocentes” los enlaces con menores en Turquía.

“El gobierno pretende sacar a todo una lectura moral, y eso ya molesta”, critica la turca Emine Altan a este medio. “No entiendo qué necesidad hay de dar lecciones morales a la sociedad”. Altan lamenta hechos como que, después de cualquier visita a ginecólogo, el doctor deba por obligación llamar a los padres o al marido de la paciente para dar cuenta del motivo y la práctica médica aplicada. O la condescendencia todavía con ciertas muestras de acoso a la mujer habituales en el día a día, como los tocamientos en el transporte público o las presiones a las chicas mediante llamadas y seguimientos por la calle.