Noticias Destacadas

LAS MUJERES Y EL BICENTENARIO

Balance Bicentenario al ideario feminista del Centenario

Me parece que para hacer una suerte de balance feminista del
bicentenario, las mujeres tenemos necesariamente que remitirnos
a dos momentos clave de nuestra historia del siglo XX. Por un lado,
el Primer Congreso Femenino, que en honor a la celebración del
Centenario, se llevó a cabo en Buenos Aires entre el 18 y el 23 de
mayo de 1910, cuyas Actas se han reeditado recientemente.1 Por
otro, a la recuperación de la Democracia en 1983 que, hasta ahora,
nos da el período de continuidad democrática más prolongado desde
el Centenario. Sigo también la idea sugerida por Seyla Benhabib –
iniciada por María Spadaro- de promover un ?diálogo? más allá de
las limitaciones históricas.2 En nuestro caso, creo que este ?diálogo? tendrá el beneficio de recuperar la memoria feminista que nos
permitirá trazar de una suerte de itinerario que muestre mejor
nuestra situación presente. Por eso también, me interesa aunar
ambos acontecimientos -el centenario y la democracia- en tanto
considero que no es posible implementar reivindicaciones feministas
sin marcos democráticos significativos de libertad y de
concienciación; por fuera del modo democrático de vida y de
gobierno, no puede haber en sentido estricto ?feminismo?.

Comienzo, pues, con una breve evocación del Congreso
del Centenario. Como sabemos, desde las últimas décadas del siglo
XIX, la agenda feminista explícita giró en torno a los derechos al
sufragio, la educación, la administración de la herencia y el patrimonio,
la igualdad de trabajo y salario, los planes de cuidado de la salud y la
importancia de la planificación familiar, la denuncia de la trata y
tráfico de mujeres y niño/as con fines de prostitución, la ley de
divorcio vincular pleno y la denuncia de la ?doble moral? o ?moral
hipócrita? que legitima los derechos consuetudinarios de los varones,
como las reivindicaciones más relevantes. Convocadas por esa
agenda, en el Primer Congreso Femenino Internacional de Buenos Aires,
participaron mujeres de todas las Américas, incluido EEUU y
feministas ?libertarias? italianas y españolas. Las Comisiones de
Propaganda, dividas en ?Del interior del país?, ?América? y ?Europa?,
dan cuenta del esfuerzo realizado por difundir el evento e inscribirlo
en la agenda internacional. De modo que, incluso quienes no
pudieron asistir, enviaron ponencias, cartas, mensajes de aliento y,
de uno u otro modo, hicieron saber a las organizadoras su adhesión
a ese evento.

Sin embargo, en las Actas es posible entrever las tensiones internas
que estallarían poco después. Esquemáticamente, voy a dividir los
grupos entre ?femeninas benéficas? y ?feministas librepensadoras?.

Ambas posiciones son básicas y claramente distinguibles; las unas,
por su vinculación a la Sociedad de Beneficencia y a la iglesia, con
una actitud protectora y ?maternalista? y las otras porque
pertenecen o están en relación con los partidos ?progresistas? de
entonces ?radicalismo y socialismo-, las liberales igualitaristas y
las independientes en general (con excepción de las anarquistas
que tacharon al Congreso de ?burgués?), cuyo objetivo fundamental
era que todas las mujeres alcanzaran por igual su ciudadanía plena.
Ya el nombre mismo del Congreso enfrentó a ?femeninas?
?feministas?, con el triunfo gráfico de las primeras, tal como lo
revela el nombre con que fue presentado. No obstante, los
contenidos de las Actas muestran la clara primacía de las segundas,
tanto en los debates como en sus repercusiones y vínculos
internacionales.

Tras una Primera Sesión de presentaciones, avales y discursos
formales, por lo que leemos en las Actas, la Segunda Sesión se
desplegó en varias áreas. Destacamos, en primer lugar, la de
Educación (que se fundió posteriormente con la de Letras) presidida
por la Dra. Emilia M. Salzá, ex presidenta de la Comisión de
Universitarias Argentinas (tras su renuncia asumió la Dra. Petrona
Eyle) y futura fundadora de la Escuela de Comercio para Señoritas
(1929).3 En segundo lugar, la comisión de Derecho, que estuvo
presidida por la abogada constitucionalista paraguaya Dra. Serafina
Dávalos. Estas comisiones concitaron la mayor atención, a juzgar
por el número de trabajos recibidos y su extensión. Podríamos
sintetizar como lema del Congreso ?Educación y Derechos?, ya
que esa fue la piedra angular de todo/as quienes apoyaron las luchas
de las mujeres por su ciudadanía plena como sujetos adultos, en el marco de educación para la ?ciudadana? con el objetivo de formar
a su vez futuros ?ciudadanos?, en un marco que no evita algunas
consideraciones de tipo eugenésico.4 Las otras áreas fueron:
Sociología, presidida por Elvira López, primera doctora de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con una
tesis titulada El movimiento feminista (1901), dirigida por el Dr. Rodolfo
Rivarola; el área de Ciencias estuvo presidida por la Dra. Irma Vertúa,
egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos
Aires, discípula y colega de la Dra. Cecilia Grierson; el área de Letras
presidida por Ernestina López, quien a su vez había estado a su
cargo la Conferencia inaugural. Como su hermana Elvira, también
era doctora por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Buenos Aires, pero en Literatura, con una tesis titulada ¿Existe
una literatura latinoamericana? (1901). Posteriormente, las Comisiones
de Letras, Educación y Artes e Industrias se fusionaron
aparentemente presididas por la Dra. Salzá. Más allá de estas
descripciones, me interesa repasar los incisos debatidos entonces
para confrontar su vigencia. Nuevamente, una rápida mirada al índice
de las actas muestra que entre los temas prioritarios aparecen:

1) Educación de/para las mujeres; inequidad de la enseñanza y su repercusión en la formación del carácter, las mujeres como escritoras y periodistas.

2) La situación social de las mujeres: la doble moral, el trabajo y la beneficencia, los lazos sociales (familia, estado, iglesia).

3) El problema de la salud de las mujeres y su relación con la maternidad y la planificación familiar (modo eufemístico de referirse a control de la natalidad, el aborto clandestino y sus consecuencias), el alcoholismo.

4) El sufragio y los derechos de ciudadanía; la trata y desaparición de niños, niñas y jóvenes con fines de prostitución; violencia contra las mujeres y la particular pobreza de las mujeres.

Sobre esta lista de problemas propongo una suerte de balance del
Bicentenario del ideario del Centenario. Veamos.

Respecto del primer rubro -la educación de/para las mujeres- los
avances son recientes e indecisos: No tenemos aún ni en la universidad
ni en el nivel secundario reconocimiento curricular efectivo de
asignaturas específicas. En el mejor de los casos, hay seminarios
optativos o posgrados a término, la mayoría de las veces como carga
voluntaria de las mujeres comprometidas en el tema. Poco a poco, se
han logrado partidas presupuestarias especiales para investigaciones
puntuales, que a nivel estructural macro aún afectan relativamente a
la sociedad en su conjunto. Un déficit severo se presenta en la
formación de docentes a todo nivel; carecen de formación específica
en género y/o estudios de las mujeres y/o feminismo y/o educación
sexual (más allá de la experiencia de cada quién). Incluso, la palabra
?feminismo? es comprendida y utilizada peyorativamente por muchos
sectores. Esto es significativo porque los docentes son ?como se
sabe- junto con las familias lo/as reproductores/as privilegiados de
los estereotipos de sexo-género. La edición y difusión de revistas y
periódicos feministas o afines es mínima, quedando reducidas en el
nivel académico a un conjunto de ?expertos/as? que no llega ni a la
mayoría de las escuelas, en general, ni a las mujeres en particular: gracias a los fuertes controles sociales que se producen. En ningún caso se ha eliminado la doble moral que denunciaron las feministas del
Centenario, quizá se la ha ?blanqueado? en tanto la sociedad acepta
con más permisividad códigos éticos laxos, tanto respecto de las
relaciones entre los sexos, como en general, con consecuencias dispares.

Por su parte, la doble o triple jornada de las mujeres recibe un frío
reconocimiento estadístico aunque, a pesar de ello, las estructuras
económicas siguen favoreciendo la feminización de la pobreza, el
asistencialismo y los lazos sociales basados en el cuidado (niños, viejos,
enfermos, discapacitados), aún hoy atribuido naturalmente a las mujeres.

Respecto de la prostitución, la trata, la mercantilización del sexo, la
violación en términos de ?derecho de pernada? de niñas, niños, jóvenes
y adultas, a pesar de que las cifras son inciertas, permiten entrever
fuertes redes donde el poder patriarcal está aún intacto. Baste recordar
algunos fallos judiciales de triste memoria.

Otra deuda pendiente ?imperdonable- es el problema de la salud
de las mujeres. No hemos avanzado lo suficiente en relación a la
maternidad, la planificación familiar y el pleno derecho de las
mujeres a decidir sobre el cuerpo propio, sin intervención de
terceros (sea el estado, el marido o la iglesia). No tenemos cifras
claras y confiables y tampoco tenemos políticas sostenidas que
instrumenten campañas de prevención de enfermedades
endémicas (chagas, paludismo, bocio) o en expansión (tuberculosis,
bronqueolitis, dengue, HIV, etc.). Ni que decir de la prevención del
cáncer, las secuelas del estrés o de la desnutrición, que tanto afecta
la vida de las mujeres y de sus hijos. Respecto del problema del
alcoholismo -repetidamente mencionado en las Actas- nuevamente
no tenemos estadísticas confiables por sexo-género. Sí sabemos,
en cambio, que los índices de alcoholización de lo/as jóvenes
comienza a edades cada vez más tempranas. También, que se ha
incrementado el uso combinado de drogas; de ser patrimonio de
unos pocos, han pasado a consumirse masivamente desde la adolescencia en todos los niveles sociales, lo que implica difusión,
abaratamiento de precisos y de calidades. Los estragos del ?paco?
son bien conocidos, sin que más allá de traficantes intermedios se
desmonten las redes locales que las trafican.

Un panorama muy diferente encontramos a nivel de derechos y
ciudadanía. En este campo, podemos constatar los avances más
firmes y significativos. El sufragio ?tantos años reclamados- se
obtuvo en 1947 con la ley 13.010, que legalmente habilitó a todas
las mujeres a sufragar a partir de las elecciones de 1951. Otras
leyes, tuvieron que esperar aún muchos años. Recuperada la
democracia en 1983, constatamos la irrupción de lo privado en lo
público como un modo de hacer visible el lema feminista de ?lo
personal es político?. En nuestro país, el movimiento por los
DD.HH, que encabezaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo,
prohijó un giro trópico ineludible para comprender la relación entre
el espacio público y el privado de los últimos treinta años. La
visibilidad de las mujeres y sus múltiples luchas le deben mucho a
este hecho, en principio no-feminista pero con clara incidencia en
los derechos de las mujeres. Con el retorno al país de muchas
exiliadas -cargadas de experiencias y de bibliografía- se potenciaron
los ya existentes espacios de debate, y se crearon muchos otros,
que convergieron en círculos que poco a poco incidieron en las
universidades, permeables por ese entonces a las nuevas iniciativas.

En otros artículos reseño las líneas más relevantes de ese proceso
de creación de cátedras, institutos y centros abocados a la tarea
de promover, difundir y generar teoría en vistas a la gran reforma
social que creímos próxima.5

Así, a partir de 1986, comenzaron a multiplicarse las reformas: la
legislación de familia igualando todos los hijos ante la ley, el
divorcio vincular, la patria potestad compartida,6 la pensión a las
concubinas, la ratificación de la Convención contra todo tipo de
discriminación de las mujeres, la ratificación de la Convención
de Belem do Pará, sobre toda forma de violencia contra la Mujer
(actualmente texto Constitucional a partir de la reforma de
1994), la ley de Prevención de la Violencia Doméstica, la Ley de
Cupo femenino en las listas electivas de los partidos políticos
(también incorporada a la Constitución Nacional), la ratificación
del Protocolo Facultativo de la CEDAW, entre otros.7 Como
deuda pendiente, la ley de derechos sexuales y reproductivos
no contempla aún la posibilidad de aborto seguro, libre y gratuito,
negándoseles a las mujeres en general el derecho pleno sobre
las decisiones sobre el cuerpo propio; y fundamentalmente el
reconocimiento a las miles de mujeres jóvenes que mueren en
abortos clandestinos.

Ahora bien, ¿cómo podemos entender el nivel de ?progresos?
y ?logros? en el rubro ?Derechos? en comparación con el magro
balance en las otras áreas? ¿Cómo es posible este aumento
sistemático y sostenido del reconocimiento legal de los derechos
de ciudadanía, civiles y laborales, de las mujeres en contraste con
las cifras que todas conocemos de feminización de la pobreza,
desprotección en la salud, parcialidad laboral, discriminación y tantos
otros? En principio, las teorías feminista y de género han realizado
muchos aportes para deconstuir el paradigma moderno de la igualdad y sus inconsecuencias para dejar al descubierto su
?reservorio patriarcal?. De ese modo, nos permite comprender
cómo muchas barreras de poder real y simbólico siguen
interponiéndose entre las mujeres y el usufructo real de nuestros
derechos, aún después de todas las reformas constitucionales
mencionadas.

Para comprender mejor este mecanismo, puede ayudar la distinción
de Hannah Arendt entre ?segregación? y ?discriminación?, pues
permite concluir que si bien las leyes han perdido, en buena medida,
su carga segregacionista respecto de las mujeres, la discriminación
?que es de orden sociopolítico, material- aún tiene un peso
considerable.8 Desarmar las estructuras sociales legitimadas por
naturalización del orden consuetudinario basados muchas veces
en órdenes simbólicos discriminatorios es una tarea compleja que,
precisamente, involucra aspectos sociales no-penalizables, del
orden de las preferencias, el gusto, la libertad de expresión, el
sistema de creencias, etc. También es necesario revisar los
particularismos excluidos del universalismo liberal-legal, soporte
de la noción de ciudadanía, a fin de identificar los pliegues
simbólicos que dan lugar a la discriminación. Así, deconstruir el
modelo del sujeto universal, portador teórico de derechos también
universales, fue uno de los primeros análisis: ¿qué decimos cuando
decimos ?individuo?? ¿A quiénes nos referimos cuando decimos
?sujeto??.9 ¿Cómo interfieren la etnia, la clase social y la educación
en esas caracterizaciones formales que, luego y de modo tácito, a
veces casi imperceptible pero efectivo, generan dispositivos de exclusión a la hora de que sujetos empíricos usufructúen de los
derechos anunciados?10

Esos son los trabajos que actualmente se están llevando a cabo.
Es de desear que redunden en cambios estructurales efectivos
porque, si algo nos distancia de las mujeres del Centenario es la
confianza plena en las virtualidades equitativas del sufragio, la
educación y la organización basada en unas pocas mujeres
esclarecidas. Sabemos bien que es necesario más. También nos
distancia de ellas la pérdida de las energías utópicas debido a la
repetida confrontación con los mecanismos en los que el poder
patriarcal se reorganiza, se mimetiza y se escurre; incluyendo leyes
y reformas constitucionales, interpretando siempre en su propio
beneficio individual o estructural.

Aún así, quiero rescatar como positivo el valor simbólico y
reivindicativo del feminismo legalista, al que rescato como condición
necesaria aunque no suficiente para la equidad de sexo-género. En
principio, se trata de un dispositivo simbólico necesario, oportuno
y eficiente basado en una resignificación política del lenguaje, con el
que interpelamos a la sociedad en aras de transformar las estructuras
que sostienen, legitiman y encubren la inequidad (en principio
patriarcal, a la que se suma y refuerza el racismo, el clasismo, los
centros de poder económico hegemónico, entre otros). En ese
sentido, el concepto de ?género? abrió las bases materiales de los
análisis sobre la exclusión y favoreció el diseño de modos de englobar
a las mujeres, sin la pérdida de diferencias que, como las
intersecciones de clase o de etnia, siempre jugaron un papel
preponderante a la hora de las exclusiones ?solidarias?.

Además, el feminismo ha creado una significativa contracultura
subterránea que se concreta en reformas sociales y hechos
relevantes.11 En efecto, el reconocimiento de ?los feminismos? con
sus diversas corrientes y posiciones, la pluralidad de significados de
la noción de ?género?, la necesidad de instar a la construcción de
nuevos sujetos de derechos y de redefinir la política más allá de las
estructuras partidarias, entre otros, dan cuenta del poder democrático
que genera una nueva cultura política. En ese sentido, la contribución
del feminismo como primer movimiento masivo del siglo XX ha
sido fundamental. No sólo contribuyó a denunciar públicamente, y
a superar, los mecanismos jerárquicos, exclusivistas y vicarios de la
política tradicional. Todavía contribuye a denunciar la ausencia de
?universalidad concreta? en toda situación en la que una sola ser
humano quede fuera del usufructo legítimo de los derechos a los
que en cuanto tal está habilitada.

En síntesis, si bien no hemos llegado aún a alcanzar los altos
estándares de nuestras hermanas del Centenario, podemos mostrar
el largo y sinuoso camino recorrido, sus dificultades imprevistas y
los mecanismos y estrategias de exclusión que estamos
desmontando. Yo, al menos, estoy lejos de su optimismo utópico,
pero estoy igualmente lejos de un balance negativo o del desánimo.
En principio, porque la concienciación que se ha desarrollado en
los últimos años muestra cómo la sociedad apela a sus reductos
más renovadores para poder seguir generando y abriendo espacios
democráticos y de equidad y justicia.

——————————————————————————————–
NOTAS:

1 Actas del Primer Congreso Internacional Femenino, Buenos Aires, 1910, Reedición de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba (Argentina), 2008. Prólogo de Dora Barrancos.

2 Retomo la idea de ?agenda feminista? y de ?diálogo? de María Spadaro ?Agenda feminista, Buenos Aires, 1900: rastreo de algunos conceptos fundamentales y su pertinencia en el debate contemporáneo? Actas de las IX Jornadas Nacionales de Historia de las mujeres ? IV Congreso Iberoamericano de Estudios de Género,
2008.

3 L. Sosa de Newton, Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

4 Sobre los idearios del maternaje de principios del siglo XX, se puede consultar, Nari, M. Políticas de maternidad y maternalismo político; Buenos Aires (1890- 1940), Buenos Aires, Biblos, 2005.

5 Cf. mis artículos: ?Feminismos en la Argentina? Dossier, Labrys, 8, 2005, Universidad de Brasilía. Sitio: http://www.unb.br/ih/his/gefem/labrys8/sumarioprincipal.htm y ?El
feminismo académico en Argentina? Labrys, 7, 2005, Universidad de Brasilia. Sitio: http://www.unb.br/ih/his/gefem/labrys7/p2a.html.

6 Ya había sido aprobada en 1974 como patria potestad indistinta pero fue vetada por Isabel Perón.

7 Cf. Cecilia Lipszyc ?Los feminismos en la Argentina. (1983-2004)? en M.L.Femenías, Perfiles del feminismo Iberoamericano, vol.2, 2005, pp. 83-120.

8 H. Arendt, ?Little Rock? (1957) Tiempos presentes, Barcelona, Gedisa, 2002; también en E. Aponte Sánchez y M. L. Femenías, Articulaciones sobre la violencia contra las mujeres, La Plata, Edulp, 2008, p. 22.

9 En Sobre sujeto y género (Buenos Aires, Catálogos, 2000), me extiendo sobre este problema.

10 En El género del multiculturalismo (Bernal, UNQUi, 2007) me ocupo de esas cuestiones.

11 Cecilia Lipszyc, ?Las Mujeres y el Poder?, Feminaria, Año VI, Nº 11, 1993.

——————————————————————————————–

*Las mujeres y el Bicentenario / coordinado por María Silvia Varg. 1a ed. – Salta : Mundo Gráfico Salta Editorial, 2010.

IMAGEN: files.nireblog.com