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Unas 135 millones de mujeres y niñas en el mundo sufren esa mutilación

África: El combate contra la ablación

La Habana, 29 abr 10.- Tenía apenas cinco años cuando, al regresar a su casa de un paseo, su madre la acostó, mientras la sujetaba y taponeaba su boca, en presencia de una anciana que la esperaba con una cuchilla oxidada en la mano.

Sintió un intenso dolor entre las piernas y se desmayó antes de que cosieran la herida con una espina y un hilo grueso.

Lo anterior forma parte de los recuerdos una joven somalí, que tiempo después fue embajadora de la Organización de las Naciones Unidas en África.

Su caso no es raro ni excepcional, pues millones de niñas y jóvenes en el mundo, principalmente en África y Oriente Medio, sufren anualmente graves daños a la integridad física al enfrentar el hecho y las consecuencias de la ablación, arraigada costumbre social basada en dudosas creencias culturales, religiosas o étnicas.

La ablación del clítoris se remonta a la época faraónica y es un tipo de mutilación genital femenina (MGF) que elimina de forma parcial o total los genitales externos de las niñas.

Los promotores de esa milenaria costumbre demandan la ablación antes del matrimonio, guiados por criterios erróneos tendentes a evitar la promiscuidad en la mujer y a lograr un aumento de su fertilidad.

El origen de esta práctica se desconoce, aunque algunos historiadores plantean que se inició en el Antiguo Egipto, pasó a África Central y de ahí se extendió por todo el continente

Hoy día, en numerosas comunidades de África y Oriente Medio se aplica la ablación para indicar el comienzo de la edad adulta y durante la ceremonia de iniciación los familiares y comadronas calman la ansiedad de las asustadas muchachas con la explicación de que ese acto es un deber de sus creencias religiosas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 135 millones de mujeres y niñas en todo el mundo sufren en la actualidad los daños de la mutilación genital femenina y anualmente tres millones de niñas son víctimas de esa agresión

DAÑOS FISICOS Y PSICOLOGICOS

El rito compromete y afecta seriamente a las víctimas, pues si gritan, su conducta avergonzará a la familia, y si tratan de escapar, las ataduras que las inmovilizan pueden provocar fracturas de sus clavículas, brazos o piernas.

Otro factor negativo de esa costumbre es que la realizan ancianas o comadronas tradicionales en lugares sin asepsia, con vidrios, cuchillos o navajas, afirma Catherine Mwane, una joven auxiliar de enfermería natural de Iture en la República Democrática del Congo.

Ella explicó a una activista de la Organización Mundial de la Salud que semanas después de sufrir la ablación, le salió un quiste en la parte afectada y que aunque tiene un bebé, sus relaciones maritales son muy dolorosas.

Numerosos criterios médicos confirman esos problemas y agregan que otras secuelas de las mutilaciones en las jóvenes suelen ser las hemorragias, la inflamación pélvica y daños psicológicos y obstrucciones urinarias.

Igualmente se incrementa el riesgo de contraer hepatitis, el VIH/SIDA u otras enfermedades de la sangre, sin contar que muchas pueden sufrir infertilidad o morir.

Agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU) ligadas a la infancia han comprobado que esa costumbre se observa hoy en Asia, América Latina y Australia.

Y afirman que con los movimientos poblacionales, también se practica en menores de edad de comunidades de inmigrantes en Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.

En África, un fuerte movimiento se alza contra la ablación y, según indica un nuevo estudio de la ONU: “hay una gran comprensión de esa práctica como expresión de la violación de los derechos humanos, así como de sus dañinos impactos en la salud”.

La Corte Suprema Administrativa (CSA) de Egipto prohíbe la mutilación genital femenina en los hospitales públicos y privados, y condena a prisión a los médicos que la realicen.

Los Gobiernos de Eritrea, Comores, Gambia, Libia, Malí, Namibia y Sudáfrica, entre otros, prohíben la MGF por considerarla una práctica que “pone en peligro la salud de las mujeres”.

En cambio, aunque esa “operación” está prohibida por la ley en Benin, aún hay personas que apelan a “la tradición y las costumbres” para perpetuar lo que organizaciones internacionales femeninas califican de grave violación a los derechos humanos de las mujeres.

(*) Redactora del Servicio de Boletines especializados de Prensa Latina.