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A 80 años de su muerte, la lucha de Raquel Liberman contra la trata mantiene toda su vigencia

La lucha contra la trata de mujeres tuvo una”heroína” ya en los lejanos años `30, cuando una joven  inmigrante polaca logró que fueran encarcelados 108 proxenetas y desbarató la red que conformaban y, a 80 años de su muerte, su causa sigue más vigente que nunca con más de 3.500 víctimas rescatadas desde 2008.polaca

Se trata de Raquel Liberman, quien no se conformó con escapar dos veces de su cautiverio y llevó su denuncia hasta las últimas consecuencias enfrentándose para ello a los poderosos de la época.

“Lo que ella hizo es romper el silencio para devolverles la dignidad a esas mujeres prostituidas, que hoy hay que seguir manteniendo y defendiendo, porque lamentablemente la trata sigue existiendo”, dijo a Télam Myrtha Schalom, la autora de la novela “La Polaca” que ya va por su novena reedición desde su publicación en 2003.

La escritora advirtió que “los mecanismos y las complicidades” que permitieron que esta mujer cayera a los 24 años en las garras de la Zwi Migdal -una organización de “tratantes de blancas” de origen polaco-judío que llegó a tener 2 mil prostíbulos- “son las mismas” que hoy hacen posible que unas 2,5 millones de personas sean víctimas de las redes de esclavitud sexual o laboral en todo el mundo.

“Raquel Liberman nos sigue interpelando en la marcha del 3 de junio (bajo la consigna “Ni una menos”) y en la del 24 de noviembre; y está presente en la alegría de Fabiana Tuñez y en los llantos de La Casa del Encuentro cuando tienen que decir que hubo 233 femicidios”, dijo Schalom, quien investigó en profundidad al personaje histórico para escribir su novela.

Nacida en Berdichev, Raquel Liberman emigró a la Argentina en 1922 junto a dos pequeños hijos para reunirse con su esposo que se le había adelantado y la esperaba en la localidad bonaerense de Tapalqué.

Pero dos años después, él falleció de tuberculosis y ella cayó en las garras de una de las redes de trata con fines de explotación sexual más importantes del país, presuntamente entregada por sus cuñados que eran “socios” de la “Sociedad de Socorros Mutuos Zwi Migdal”, bajo cuya fachada operó la organización delictiva.

Por entonces, Argentina experimentaba la gran ola de inmigración europea y entre los que vinieron a “hacer la América” también hubo personas abocadas a este negocio ilegal, aprovechándose de la situación de miles de mujeres desesperadas por abandonar Europa y, por eso, vulnerables a falsas promesas de matrimonio o trabajo.

Y la Zwi Migdal no era la única organización mafiosa de este tipo conformada exclusivamente por miembros de una colectividad pero, a diferencia de otras, la comunidad judía organizada expulsó a sus miembros de sus filas.

“Los miembros de la Zwi Migdal querían seguir siendo judíos y religiosos, pero la colectividad les prohibió ser enterrados con ellos y el acceso a los teatros; ¡hasta les dieron el nombre de ‘impuros’!”, dijo Schalom.

Antes de que Raquel contara su verdad ante el comisario Julio Alsogaray el último día de 1929, unas 150 mujeres ya habían denunciado ser víctimas de trata sin que las causas judiciales lograran avanzar.

Pero la coyuntura política de la época y la valentía del juez Manuel Rodríguez Ocampo jugó a su favor y en mayo de 1930 se dictó la prisión preventiva de los 108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos.

Sin embargo, los vientos de justicia duraron muy poco: en enero de 1931 la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de los inculpados por falta de pruebas y testimonios insuficientes.

Cuatro años después, Raquel murió de cáncer de garganta mientras sus captores permanecieron libres.

“Entre los papeles de Raquel encontré que ella estaba pidiendo una visa para volverse con sus hijos a Polonia en 1934, cuando ya Hitler era canciller en Alemania. ¡Qué desesperación tendría esta mujer por escaparse de acá para pedir eso!”, exclamó Schalom.

En cuanto a quiénes podrían encarnar hoy a Raquel Liberman, la escritora no duda en señalar a la activista y sobreviviente de trata Sonia Sánchez, “la más fuerte y la más honesta entre las voces que han podido denunciar” a sus victimarios.

La autora de los libros “Ninguna mujer nace para puta” y “La puta esquina”, aseguró que “a estas mujeres hay que sacarlas del olvido para poner en cuestión el pasado, el presente y mirar un futuro menos violento para nosotras”, manifestó.

“Hoy se habla de regular la prostitución como trabajo, que significa sacar a los traficantes del lugar del delito para ponerlos como representantes de la trabajadora sexual y a los proxenetas como maridos. Pero la trata existe porque existe la prostitución, y el traficante y el proxeneta son socios del discurso del trabajo sexual”, apuntó.

 

Imagen : Télam